La nueva política agrícola

Columnas de Opinión
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Los aguaceros de la última semana de marzo y los pronósticos del Ideam para el mes de abril, han devuelto las esperanzas a millones de productores de alimentos del país.

 

Todo está listo para poner a prueba la efectividad del programa ‘Colombia Siembra’ del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural. Si esta semana el ministro de la cartera, Aurelio Iragorri, pone a disposición de los productores del campo los instrumentos de impulso a la competitividad y a la administración del riesgo agropecuario, seguramente podrá cumplir la meta de las primeras 225.000 nuevas hectáreas, del millón que prometió impulsar en los próximos tres años.

Para ponerlos en contexto, el programa ‘Colombia Siembra’ –del cual hice parte en su estructuración-, es sencillamente la definición de una política de ordenamiento del sector productivo colombiano en el mediano plazo y la orientación de manera eficiente de los escasos recursos de ayuda del Estado, para contrarrestar y eliminar las causas de las ineficiencias de los productores del campo para que sus negocios sean más competitivos, sostenibles y rentables.

En primer lugar, se estableció el compromiso de crear los mapas de zonificación agrícola por municipios. Por no contar con esta herramienta, el 30 % de los cultivos que se cosechan en Colombia (de 7.1 millones de hectáreas), se encuentran sembrados en zonas donde las condiciones técnicas de esos cultivos no son compatibles con las condiciones agroecológicas de la región. Esta desordenada planeación agrícola, ha traído como consecuencia unos mayores costos de producción, bajos rendimientos y poca rentabilidad de los agronegocios.

El segundo pilar de este programa es el fortalecimiento de las Umatas, la prestación del servicio de asistencia técnica en buenas prácticas agrícolas y ganadera a través de sus agremiaciones y el impulso de las escuelas de emprendimiento rural. Para la mayoría de los jóvenes, el acceso a un programa de estudios técnico en el Sena es la única oportunidad en sus vidas de adquirir las competencias que les permitirían eliminar las principales causas internas del subdesarrollo rural.

Como tercera medida se aprobaron unos instrumentos de ayuda a los productores para enfrentar los riesgos de clima, precio y tasa de cambio, que golpean duramente la rentabilidad de los negocios agropecuarios. Para ello, se aprobaron unas subvenciones en los costos de las pólizas del seguro agrícola y las coberturas de precio y cambiaria. Con este esquema, el gobierno se pone en una posición muy favorable para establecer “a priori” el presupuesto necesario para ayudar al desarrollo de su política de distribuir ayudas para hacer frente a los riesgos que pueden abatirse sobre la actividad agraria.

Para bajar los altos costos financieros y de producción, se aprobó un subsidio en la tasa de interés de los créditos y un incentivo (ICR) a quienes instalen sistemas de riego, mecanicen sus cultivos y construyan infraestructura de almacenamiento.

Como dijo el ministro Iragorri, se acabó la habladera y que comience la sembradera. En el tintero: Ministro Aurelio Iragorri, antes que se siniestren los créditos, urge un plan de alivio en plazos e intereses para ganaderos y agricultores afectados por fenómeno de El Niño.