El nuevo horizonte de la libertad

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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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Defender las ideas de la libertad, sobre todo, aquellas relacionadas a la libertad económica, no es una tarea fácil en nuestros tiempos. El uso del lenguaje se ha encargado de satanizar algunos conceptos como capitalismo y libre comercio.

 

Sin embargo, el temor asociado a los mismos es compartido por quienes defendemos la libertad. Pues quien crea en el libre mercado estaría de acuerdo con que es necesario acabar con los monopolios. No obstante, los progresistas asocian a los grandes juga­dores de la economía con el sistema capitalista o de libre comercio.

El primer reto al que nos enfrentamos es pues a trascender los antiguos concep­tos. La trasformación económica, liderada por las nuevas generaciones, ha abierto un gran espacio para renovar el discurso de la libertad. En nuestros tiempos, los jó­venes son reacios a acceder al sistema financiero o consumir productos fabricados en serie. Cada vez pequeñas iniciativas de mercado tienen una mayor acogida en un escenario que otrora era dominado por grandes empresas que lograron masificar sus productos.

Otra característica del cambio generacional es la exigencia, cada vez mayor, por parte de los usuarios de moldear lo que consumen. Hoy en día las decisiones más importantes empiezan a recaer sobre el lado de la demanda. Los usuarios quieren calificar su servicio, personalizarlo y dialogar con el proveedor. Lo anterior sienta las bases para la victoria de las decisiones individuales en el mercado desde ambas curvas (oferta y demanda).

Este es quizás el punto que más escozor ha causado. Los prestadores de servi­cios de antaño se acostumbraron a la falta de competencia debido a las barreras de entrada que se crearon en torno a su sector. Así, pues, los prestadores de servicios públicos gozaron de un mercado altamente regulado por los famosos cupos y los ho­teles de un mercado difícil de entrar debido al gran apalancamiento que se requiere. La posición cómoda de la que gozaban les permitió mantenerse vigentes sin nece­sidad de realizar innovaciones. No obstante, las nuevas fronteras que la tecnología ha abierto está cambiando las dinámicas de varios sectores económicos, dando pie a fricciones entre los viejos y nuevos prestadores. Uno de los grandes retos que se le viene a nuestra generación es transformar la resistencia al cambio para dar vía libre a la innovación.

El nuevo contexto de mercado se podría resumir en un concepto: economía co­laborativa. Es hora de emprender la defensa de la libertad mediante este nuevo sis­tema de mercado. La economía colaborativa se refiere al contacto directo entre el proveedor y el consumidor. Además tiene sus beneficios desde la óptica, cada vez más relevante, de la sostenibilidad ambiental. La economía colaborativa permite usar la capacidad instalada, en vez de desperdiciar recursos. Las personas con piezas vacías en sus casas, asientos disponibles en sus comedores y carros pueden dispo­ner de dichos recursos para realizar transacciones sin necesidad de convertirse en una empresa. Imagínense los ahorros que suponen, en términos de huella ecológica, optar por usar Airbnb en vez de acudir a un hotel.

 

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