De cadáveres peregrinos

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Incierto el destino final del cadáver del ex presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez. Una de sus familias lo quiere dejar en Miami respetando su voluntad de no volver a su tierra natal mientras Chávez siga gobernándola, y su primera familia lo quiere enterrar en Venezuela.

¿Dónde terminará? En la historia hay varios casos similares, en los cuales los indefensos muertos no pueden descansar en paz ante pugnas u otros motivos diversos relacionados con política o conmemoraciones.

Por ejemplo, el periplo del cadáver de Evita Perón es una novela apasionante, fruto de los odios y amores que despertaron vivos y muertos ella y su esposo Juan Domingo Perón. Desde su muerte en 1952, luego de su embalsamamiento, el cadáver de "Santa Evita" convertido en símbolo del peronismo fue ocultado y trasladado a diversos sitios en Buenos Aires, al ritmo de los vaivenes de la agitada política de la época.

El cuerpo estuvo desaparecido 16 años, gran parte de ellos en Italia, para regresar luego a Argentina en donde fue velado con el de su esposo. Hoy yace en Buenos Aires hasta nueva orden.

Otro cadáver itinerante fue el de Bolívar. Permaneció durante 12 años en La Catedral de Santa Marta, pero allí adentro fue movido varias veces por motivo del terremoto de 1834: mudado en 1838 a la casa de Manuel Ujueta, regresado luego a la bóveda reparada en La Catedral, y en 1839 a otro sepulcro situado en el centro de la nave (¡cuatro entierros en Santa Marta!). Por último, el cuerpo del Libertador fue llevado a Caracas en 1842, en donde ha sido trasladado varias veces de sitio.

El fundador de la misma Santa Marta, Rodrigo de Bastidas, luego de ser herido en la entonces aldea, fue llevado a Santo Domingo para ser curado, aunque en definitiva desembarcó en Cuba donde murió a los pocos días. De allí fue movido a Santo Domingo, ciudad que le sirvió de sepultura hasta mediados del siglo XX cuando fue traído a Santa Marta, en cuya Catedral permanece.

¡Y hasta los animales!: una pequeña localidad española, O Carballiño, quiere llevar el cadáver del pulpo Paul a su museo. "Para nosotros Paul fue un símbolo", aseguró el Alcalde de la población del noroeste del país campeón mundial de fútbol.

Un caso para Ripley es el drama de los restos de Agustín Agualongo, el mestizo realista que luchó fieramente contra los ejércitos libertadores. Su cadáver fue enterrado en Popayán donde había sido fusilado en 1824, y luego sus despojos llevados en 1983 a su natal Pasto. En 1987 fueron robados por el M-19 y devueltos en 1990 como un acto simbólico, simultaneo con la entrega de las armas de este grupo en las montañas del Cauca.

En julio del año pasado, como parte de la celebración del Bicentenario, el gobernador de Nariño, Navarro Wolff -recordando sus viejos tiempos- dispuso que dichos restos viajaran a Bogotá a la Plaza de Bolívar hasta el 20 de julio, fecha en que fueron devueltos a Pasto con previo recorrido por todo el departamento de Nariño.

Pero haber paseado tanto los restos de Agualongo no dejaría de ser otra mañesada más, de no ser por lo que murmuran algunos: En 1990, cuando en Corinto, Cauca, Carlos Pizarro procedió a entregar los restos del héroe pastuso, ¡oh sorpresa!, no aparecían por ninguna parte y la ceremonia ya estaba preparada con bombos y platillos, cámaras y micrófonos.

Dicen que uno de los guerrilleros que ese día dejaba armas, vio como en medio de la confusión los huesos de Agualongo eran devorados por un perro del lugar, y que el comandante Pizarro no tuvo más remedio que convocar a un último consejo de guerra, que decidió entregar los huesos de un animal de monte que algún presto guerrillero consiguió.

Verdad o mentira, el hecho es que hay dudas sobre el origen de los supuestos restos del póstumo general realista Agualongo que reposan solemnemente en una hermosa cripta de la iglesia de San Juan Bautista en Pasto, y, por tanto, de los mismos que el año pasado fueron expuestos en cámara ardiente en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Todas las osamentas peregrinas corren peligro de traspapelarse o perderse.

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