Qué rayos sabemos

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Escrito por:

Edgar Castro Castro

Edgar Castro Castro

Columna: Opinión

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He usado como título de este artículo, el mismo del documental cinematográfico sobre el comportamiento humano, basado en los principios de la física cuántica, para ambientar un tema que entusiasma a unos y encrespa a otros. 

 

El otro día, cuando me encontraba en Bogotá, en el consultorio médico de mi hermano José Antonio, tuve la suerte de conocer al ilustre profesor de la Universidad Nacional Horacio Torres Sánchez. El científico, que estaba allí en condición paciente, es considerado quien más sabe en el país sobre el asunto de los rayos. 

En una conversación amena, que seguí con gran interés, Torres Sánchez hablaba del tema que más lo apasiona, recitando casi de memoria apartes de su último libro: El rayo en el trópico, con el cual me obsequió regalándome una copia autografiada.

Luego de escrito el tratado, puede concluirse por el lector desprevenido, por el lenguaje sencillo empleado a pesar del rigor serio, que se trata de una obra de fácil realización. Tenemos, pues, que esta tarea ha sido el fruto de un largo trajinar atiborrado de sinsabores en la investigación durante más de treinta años en la Universidad Nacional de Colombia, acompañado, como no, de un grupo de estudiosos que se acoplaron para sacar adelante la propuesta en la que se hace un recorrido histórico sobre las interpretaciones que han dado al fenómeno del rayo en las diferentes culturas, tocando aspectos mitológicos, para adentrarse en los exigentes vericuetos de la precisión y objetividad científica. 

Bueno, pero qué es un rayo? En la rigidez de las ciencias, dice el profesor Torres, que son las transferencias de cargas eléctricas que generan altas corrientes, transformando energía eléctrica en energías lumínica (relámpago) y audible (trueno). De acuerdo con la dirección de transferencia de carga, se dan cinco tipos de rayos: el que ocurre dentro de una nube, el que se da entre nubes, entre nube e ionosfera, entre nube y aire, y aquel que se presenta entre nube y tierra o entre tierra y nube. Aquí, es importante anotar que solo el 25% de los rayos involucran directamente la tierra.

A nivel mundial, la mayor actividad será única se da en las áreas continentales de las zonas tropical y semi tropical de la Tierra. En Colombia, la región de la cordillera de los Andes es la más afectada.

Hay explicaciones, que indican las razones que influyen  en la actividad de rayos en una  zona: 1. La presencia de vientos, como los alisios del noreste y sureste de Colombia, son materia generadora de rayos; 2. El sistema montañoso, interactuando con los vientos origina congregación de nubes tormentosas, lo que facilita que se generen rayos; 3. Las propiedades físicas de cada superficie, como son los casos de océanos y las zonas continentales. Hay menor ocurrencia de rayos en las superficies oceánicas por tener movilidad y capacidad de calor más alta que la tierra; 4. Las características del subsuelo, por las potenciales condiciones de albergar fuentes geomagnéticas o radiactivas que pueden provocar cargas iónicas en el entorno, caso de la región del Catatumbo que es rica en uranio; y, 5. Los cambios por actividad antrópica, por la modificación de la superficie terrestre, está referida al llamado efecto isla por calentamiento urbano.

Ahora bien, aparte del recelo que despiertan en las personas los rayos, es necesario saber que tienen unos efectos benéficos como el de fijar en el suelo nitrógeno para las plantas lo que les da vigor y crecimiento; además, libran a los humanos de los rayos ultravioleta al producir ozono en las capas superiores de la atmósfera.

Por: Edgar Castro Castro
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@EdgarMCastroC

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