¿Y después de Crimea, qué sigue? Siria, el Oriente Medio… o qué?

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Escrito por:

José Noriega

José Noriega

Columna: Opinión

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"Quien no extraña la Unión Soviética, no tiene corazón. Quien la quiere de vuelta, no tiene cerebro"  (Vladímir Putin)

 

El hombre duro de los Montes Urales y todas las estepas rusas está demostrando que no se anda por las ramas cuando de sacar los dientes se trata y los muestra sin contemplaciones, por cuando desde su época de coronel de la desaparecida KGB ha demostrado ser un hombre de apetito político desmedido y que no lo detiene nada ni nadie y cuando se propone algo, lo consigue, sin importarle un pepino a quien tenga que llevarse por delante, por cuanto está acostumbrado y para ello fue formado, a mandar y ser obedecido, independientemente de que a los demás les guste o no, ese no es su problema, su capacidad de lucha y formación militar lo tienen acostumbrado a hacer lo que le viene en gana y a imponer su voluntad, no importa dónde ni cómo, sólo lo hace y punto.

Para empezar debemos remontarnos al año 2000 al inicio de su presidencia en un país que estaba postrado en la ruina, y de inmediato mostró que sus objetivos eran muy y bastante claros, entre ellos recuperar y restablecer la soberanía nacional, propender por mejorar la calidad de vida de sus coterráneos e inyectarle a ellos los valores propios de su nacionalismo, esa mima posición íntima que habían perdido desde cuando cayó el muro, lo que él vivió en primera persona y de cuerpo presente siendo agente de la KGB, padeciendo también, como ellos, el desconcierto al ver cómo se desmoronaba la otrora Unión Soviética, el polo opuesto dentro de la guerra fría y ellos, hijos del Cáucaso, sintieron resbalar y sentirse inferiores a los demás.

Una de sus primeras y más encomiables estrategias para recuperar el sitial de honor que su país había perdido, fue la de restaurar las relaciones con occidente, al tiempo que daba rienda suelta al proceso de modernización, y para ello se rodeo de un equipo de cofrades que se fueron adueñando de todas las riquezas habidas y por haber, al punto que para el resto del mundo no es más que un padrino y como tal actúa.

Con el paso del tiempo y ante las acusaciones de fraude en medio de su actividad gubernamental, empezó a apretarle las clavijas a los opositores y para ello invocó posiciones arma-mentistas y comportamientos bélicos frente a todo aquel que osara retarlo o no cumplir con sus designios políticos, haciendo gala de recordar siempre su potencial nuclear y como tal desafió la gravedad política de occidente y se decidió a invadir y arrancarle a Ucrania la península de Crimea, en donde estaba la flota naval más grande del mundo asentada a orillas del Mar Negro en la ciudad de Sebastopol, y desde allí ha dimensionado que él es quien manda y todo aquel que se atreva a desafiarlo sentirá el implacable peso de su poder político y militar, cuya capacidad de destrucción ya todo el mundo conoce y nadie quiere poner a prueba.

Ahora, cuando las finanzas de la poderosa Rusia se muestran endebles y frágiles, ha empezado a mirar hacia otras latitudes en búsqueda de recursos que puedan solventar su endémica economía se le ha dado por mirar hacia Siria, en donde Baschar Al Assad tambalea desde hace varios años, pero no cae, máxime cuando en sus propias entrañas conviven con el denominado Estado Islámico, esa horda de desenfrenados sociales que arrasan con lo que encuentran a su paso y han desembocado en una situación bastante caótica, la misma que ha llegado hasta la propia Turquía que es el mayor receptor de refugiados sirios, llegando casi a dos millones de ellos, quienes tienen al país más poblado del Mediterráneo a punto de colapsar.

Y obviamente, después de Siria, vendrán otras incursiones en el Oriente Medio, hoy convertido en un polvorín por cuenta de que Israel, contando siempre con la anuencia y complicidad de los Estados Unidos, pretende seguir subyugando y pulverizando las ilusiones de los palestinos, sin importarle en lo absoluto que las Naciones Unidas expidan normas para que se intente una convivencia pacífica y fraternal en el sector y pudiera parecer irreflexivo que esa sería una oportunidad ideal para que el ex coronel de la KGB termine de convertirse en el nuevo sheriff de esa región y le ponga su tatequieto a los americanos, mientras el Mediterráneo arde en medio de disputas y los árabes enfilan batería para enfrentar al país de los halcones y, quiera Dios, ponerle fin a vergonzosa situación en donde el despertar de los descendientes de Ismael encuentren eco en quien como el oso siberiano puede devolverles la esperanza y la ilusión.

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