¿Qué hay de los TLC?

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Escrito por:

Edgar Castro Castro

Edgar Castro Castro

Columna: Opinión

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Colombia, contrariamente a la lógica económica, estableció sus principales empresas industriales en el llamado Triángulo de Oro que conforma el área encerrada por Bogotá, Medellín y Cali, distante de los puertos del Caribe, lo que ha hecho que se incurra en duplicidad de costos al transportar materia prima para agregarle valor en el interior y luego traerla nuevamente a los terminales marítimos para su envío al exterior, todo, porque se tenía solo la visión interna, como lo han visualizado connotados observadores como Javier Díaz Molina, presidente Ejecutivo de Analdex.

El interés por vincular la economía a las tendencias mundiales de la globalización, se antoja que es reciente; desde la Apertura Económica de Gaviria, que dejó en la quiebra a una gran cantidad de productores del campo, al prometer un revolcón que literalmente los dejó bien arrastrados.

Se desatendió la gradualidad en su aplicación, propuesta por el propio gobierno, para adentrarse de lleno sin que se dieran las facilidades de cambiar maquinarias y equipos obsoletos.

Contra viento y marea, se aprobaron, durante el primer gobierno de Santos, los Tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos y la Unión Europea, que también fueron aupados por Uribe.

En su momento, recibieron las críticas de algunos analistas que consideraron contraproducente para la industria nacional porque, igualmente, ponían a guerrear a los productores criollos de manera desventajosa.

Esto, sin embargo, como todos aquellos que solo ven su conveniencia económica del intercambio de bienes, no consideraron las voces que exponían, casi de manera suplicante, sus argumentos a favor de quienes veían un oscuro panorama en sus negocios.

Hoy, los empresarios agropecuarios, ven que el senador Jorge Robledo, sin ser santo de su devoción, tenía en sus razonamientos la correcta interpretación de lo que venía.

Las explicaciones de los que estaban a favor de los convenios, se centran en manifestar que quienes hoy sufren las consecuencias de los TLC no se prepararon para la competencia internacional. Decirlo es muy fácil. Más del noventa por ciento de los empresarios agrarios, son pequeños y medianos productores, mirados con desdén desde tiempos inmemoriales.

Sin los subsidios de sus competidores y sometidos al mayor escarnio por los grupos violentos que se ensañaron en sus tierras, en muchos casos despojándoles sus propiedades y sometiéndolos al desplazamiento. Y ni en esto, han contado con suerte porque los programas de restitución de tierras pareciera que entre menos agilidad tengan mucho mejor.

Además, tildan a quienes frustrados se quejan, de condenar y atribuir como causante de todos sus males a los TLC; pero no se manifiestan, cuando desde el alto gobierno, se escucha justificar como única causa de los problemas económicos del país a los vaivenes que ha tenido el petróleo en el concierto internacional.Solo quien vive su casa conoce sus goteras y nadie más, a menos que algún día tenga la oportunidad de guindar hamaca en ella.

Por eso, son quienes están vinculados al campo los que entienden por qué el precio de la leche está por el suelo por el ingreso al país de toneladas de leche por cuenta del tratado firmado con la Unión Europea.

No hay funcionario oficial que informe las razones por las cuáles Colombia hoy tiene una balanza comercial negativa, cuando otrora -por lo menos en los últimos quince años- estaba en superávit.

 

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