Saber escuchar

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

e-mail: [email protected]

Al otro hay que oírlo para poder saber otras visiones de la realidad, porque el mundo, la vida, la historia, no son sólo como yo los veo. Mi manera no es la única, ni es siempre correcta. Podemos equivocarnos, fallar, ir en contravía de la lógica y sólo me doy cuenta cuando interactúo con otros, cuando comparto mis ideas, cuando escucho las suyas, cuando contrasto con la realidad que otros experimentan. Por eso es muy importante ser abiertos y disponibles a los comentarios y a las intervenciones de las demás personas que viven con nosotros. Es fundamental estar abiertos a los demás. Claro, sin ir al otro extremo de ser títeres de los demás. A no tener nuestras propias ideas y posiciones. Cuidado con los que no escuchan y se cierran.
Hoy quiero dedicarme a decirte que si quieres ser feliz, no puedes llegar a creer que el mundo es tuyo y que los demás somos inquilinos, vivimos alquilados, estamos para complacerte en todo. Tú, como yo, somos humanos y nos equivocamos. Tú y yo algún día ya no estaremos más y el mundo seguirá igual o mejor; por eso ten claro que la existencia del planeta no gira en torno a ti. Tienes que ser consciente de que eres parte, importante claro, pero parte de este mundo, no eres todo. Y tienes que saber que los que vivimos alrededor de tu vida, también queremos cosas, también tenemos sentimientos, también se nos ocurren ideas. Hay que saber escuchar y compartir esas ideas de los otros. Hay que estar atentos y descubrir que no sólo importa lo mío y lo que quiero. Debes darte la tarea de tomar en serio lo que otros dicen, lo que opinan y sienten, porque ellos te ayudarán a ser feliz. O podrán impedir que lo seas.
Ahora, escuchar no significa asentir; ni dialogar significa siempre ceder. Hay que saber ser firmes. Escuchando al otro y haciéndole sentir importante, pero no dándole el control de nuestra vida, ni haciendo que todo lo que diga sea como Palabra de Dios, pues no lo es. De lo contrario terminaremos viviendo como marionetas. Y ya el mundo está muy lleno de marionetas como para ser otra más. Me refiero a los que no tienen vida propia sino que son lo que otros quieren que sean. Marionetas de la moda, marionetas de su pareja, marioneta de sus amigos, marionetas de la fe, incluso. Son aquellos que entregan su voluntad y cual "veleta" se dejan arrastrar por cualquier opinión de otras personas. Estos terminan no viviendo su vida sino la vida y la manera de hacer la vida de los otros. Suegras, Papas, Cuñados, Tíos, Abuelos o simplemente amigos se vuelven insoportables con sus opiniones e intenciones de gobernar nuestra vida. Es evidente que esto no está bien y que no puede ser aceptado. Las decisiones esenciales de nuestra vida las tenemos que tomar solos o con las personas directamente implicados y afectados por esas decisiones.
Como decía mi abuela "Ni muy cerca que queme al santo ni muy lejos que no lo alumbre". Es equilibrio. Somos abiertos a los otros pero mantenemos nuestra autonomía para decidir que hacer con nuestra vida. Oímos opiniones y vemos otras miradas pero siempre tomamos la decisión a partir de lo que nosotros creemos y entendemos de la historia. Al fin y al cabo quien tiene que asumir las consecuencias de las decisiones somos en primer lugar quienes las decidimos. Nadie puede pretender que viviendo en los extremos la vida tenga el colorido de lo armonioso y de la felicidad.

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