Mula no… Bacca

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jorge García Fontalvo

Jorge García Fontalvo

Columna: Opinión

e-mail: jgarciaf007@hotmail.com

Tenía menos de diez años cuando comencé a jugar fútbol entre los montículos de arena de la cancha los Troncos.

A pesar de mi poca estatura y peso, destacaba por la elegancia que esgrimía a la hora de dominar las deformadas pelotas que corrían de un lado a otro en cualquier calle de la ciudad. Al menos eso era lo que escuchaba decir.

Nombres como Alfredo, Didí, Rolando, Israel, Gilberto y otros que ahora no recuerdo se escuchaban en las transmisiones radiales cada domingo.

Ellos, indudablemente, llegaron hacer parte de la historia del balompié magdalenense. Mientras que Javier, Wicho, Chagui, Juancho, Lucho o Mambo -con condiciones futbolísticas similares- nunca dejaron de ser aficionados. Qué pesar.

El menos hábil con el balón quería llamarse Pelé, Rivelino, Zico o Tostao. Pero nadie, absolutamente nadie, quería ser llamado vaca en las fiestas futbolísticas que engalanaban el barrio cada día.

Hoy, por el contrario, creo que ni uno solo de los prospectos del fútbol samario llegaría a ofenderse porque le llamaren así. No me digan mula, sino Bacca -con "B" y doble "C"-, seguramente dirán los niños samarios esta vez.

No hay duda, lo que este muchacho ha hecho en Europa durante los últimos dos años es de admirar. Y es necesario dar a cada quien lo que merece. James, Jackson, Teófilo y Bacca -si bien no nacieron en las polvorientas calles de la vieja Santa Marta, o en algún lugar olvidado del Magdalena- son los referentes del fútbol nacional en la actualidad.

Infortunadamente los tiempos gloriosos del fútbol magdalenense han empezado a extinguirse; ahora solo queda la sombra de una época sin igual.

Y aunque cada año encontramos nuevos prospectos y figuras, la verdad no hemos sido capaces de repotenciar el talento del futbolista de la cantera.

Peor aún, no tenemos equipo de fútbol y mucho menos estadio. Sólo queda disfrutar la actuación de los colombianos en el exterior y esperar que la dirigencia deportiva se encargue de formar las nuevas generaciones.

La historia del fútbol samario no puede quedar en el olvido, en especial, cuando todos conocen que los más grandes nacieron en esta tierra, con una pelota pegada en los pies, en medio de los inmensos corrales de piedras que se formaban a lo largo de una calle cualquiera.

O quizás, sobre las arenas blancas que se interponen al majestuoso Mar Caribe bajo el intenso sol de las dos de la tarde.

A pesar de la corrupción, la incompetente dirigencia, la rosca y muchas cosas más que no merecen ser mencionadas, en las calles despedazadas de la vieja ciudad todavía brota el genio de los futbolistas samarios.

La llama no se ha extinguido del todo. Y si bien es difícil, sé que aún podemos reencontrarnos con el fútbol maravilloso que en el pasado ofreciere un montón de jóvenes soñadores que surgieron en La Castellana, Los Troncos, la Cancha del Sur, Mamatoco, Bastidas o Gaira.

"No pregunten cuando me voy, si a mí me sigue gustando el pueblo de donde soy. Que me perdonen si yo me quejo, pero me gusta más como la canta Alejo. Soy pacífico, soy Caribe y en Santa Marta juego fútbol con el Pibe. Quiero gritarlo, lo voy hacer, viva mi gente viva su honradez".

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