Dios no cambia el pasado, pero lo sana

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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

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Las personas que luchamos todos los días por ser felices tenemos que ser conscientes que somos seres vulnerables, esto es, estamos expuestos a cualquier daño físico o emocional.

Es necesario tener claro que hay situaciones que nos pueden causar heridas, pero ellas no pueden llevarnos a la muerte emocional, a pensar que ya nada podemos hacer y que se nos acaban las fuerzas para seguir adelante.

Una herida es cualquier amenaza a nuestra voluntad de construir la vida; es todo aquello que se nos presenta como negativo, doloroso, dañino, angustioso y opresivo.
Pero todo eso que se contrapone a una vida feliz no puede desanimarnos, porque Dios nos asiste con su fortaleza, para sanar cualquier herida que no nos permite avanzar en el camino que hemos emprendido.
No podemos hacer nada para modificar las experiencias pasadas, lo que sí está en nuestras manos es la actitud con la que vamos a enfrentar todas esas emociones negativas que nos roban la paz.

Esa es la experiencia de fe del salmista, quien busca refugiarse en el poder de Dios cuando se siente atacado: ¡Yo te amo, Señor, mi fortaleza! ¡Señor, mi roca, mi defensa, mi libertador! ¡Dios mío, mi roca de refugio! ¡Mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte, digno de alabanza! Invoco al Señor y quedo libre del enemigo (Sal 18,2-4).
Hay dos formas de fortaleza que te propongo, para que tengas en cuenta en esos momentos en los que te sientes expuesto a cualquier daño que te puede causar algún problema con las personas que te rodean o las situaciones que aparecen de forma intempestiva.

La primera es la fortaleza como resistencia: Resistir no quiere decir no tener miedo, significa aquí no retroceder ante el mal a pesar del temor, agarrándose de la mano poderosa de Dios, esperando superar y vencer las dificultades. Por lo tanto, se necesita capacidad de aguante y perseverancia, porque todo bien exige tiempo de realización.

La segunda forma es la fortaleza como compromiso: se trata de invertir positivamente todas las energías en la transformación de las situaciones que obstaculizan nuestro camino hacia la construcción de la felicidad.
Tener fortaleza significa aquí buscar las estrategias que nos permitan superar las dificultades, venciendo las ansiedades que puedan producir la enfermedad, la culpabilidad o el sinsentido.

No permitas que las situaciones negativas te roben el ánimo para la construcción de tu vida, ten la plena certeza que la fortaleza de Dios está contigo y no te abandona en ningún momento, siempre vas a tener la opción de ser un vencedor, pero tu compromiso es una responsabilidad que no le puedes delegar a otra persona.

Dios te ha creado con muchas capacidades que puedes usar en la construcción de tu vida. Para ello tienes que ser consciente de tus defectos y errores.
De pronto hay actitudes que no están bien en ti y es necesario revisarlas, evaluarlas para reorientar el camino.

Dios no puede cambiar el pasado, lo que hicimos no se puede hacer de otra forma, pero el Dueño de la vida si puede sanar nuestras heridas para que sigamos adelante con fortaleza, aprendiendo de esas experiencias que nos toca enfrentar. Ánimo, te deseo todo lo bueno.

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