Agonizan las ciénagas de Plato

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Escrito por:

Edgar Castro Castro

Edgar Castro Castro

Columna: Opinión

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El 4 de febrero de 1968, el entonces presidente de la República, Carlos Lleras Restrepo, inauguró con bombos y platillos la primera etapa de las compuertas de Plato, para regular la entrada y salida de aguas del río Magdalena a través del caño principal. Tan grande fue la emoción de Lleras que, para compartir con los habitantes de la tierra del Hombre Caimán, pernoctó allí. Desde entonces, no se ha conocido intención alguna gubernamental que se oriente a mejorar las condiciones del complejo cenagoso Zárate-Malibú: lo que ha sucedido, contrariamente, es un acelerado proceso negativo de deterioro ambiental.

Como muchas obras en el país, la de las compuertas fueron abandonadas a su suerte y los resultados que se esperaban, como era constituir la zona en la despensa agropecuaria más grande del Caribe, han sido un total fracaso; Ningún otro gobierno se ocupó de realizar los trabajos de la segunda etapa, cual era la de construir una vía dique de 45 kilómetros, entre Plato y Santa Bárbara de Pinto.

El área de influencia de las ciénagas de Zárate y Malibú, que puede usarse con fines agrarios, sobrepasa las sesenta mil hectáreas. Cuántos países desearían tener unos cuerpos de agua como estos, así no tuvieran su extensión superficiaria, para ponerlos al servicio del desarrollo agropecuario y turístico: Dios le da pan al que no tiene dientes, dice el refranero popular.

Las causas de los daños son las mismas que se dan en las restantes ciénagas, sin dolientes, que están en el Caribe, que constituyen el 82% de los humedales del país. Por una parte, ha habido uso descontrolado de las artes de pesca arrasando indiscriminadamente hasta con los peces juveniles; el vertimiento de aguas negras por parte de comunidades asentadas en sus orillas; la deforestación desmedida, que conduce a diversos tipos de erosión, ocasionando sedimentación en el lecho y consecuentemente inundaciones; y, la contaminación con productos químicos.

Por otro lado, por el permanente aumento de desechos excrementales de bovinos, se acumulan sales y gases nocivos para los peces; esto, porque hay ganaderos que abusivamente han ensanchado sus predios hasta sectores de los playones comunales sin que se haya puesto contención por parte de las autoridades competentes. Aquí, aunque tarde, está una buena oportunidad para hacerse notar la procuraduría agraria.

¿Qué acciones emprender? La palabra la tienen, y desde hace tiempo, los organismos ambientales como el Ministerio del Medio Ambiente y Corpamag; así como el municipio de Plato y la gobernación del Magdalena. El biólogo Raúl Pérez Molina, experto en la materia y amplio conocedor de las tantas veces mencionadas ciénagas, recomienda, como actividades destacadas, la apertura de las bocas de los caños; controlar la tala de bosques y reforestar donde sea necesario; intervenir la pesca ilegal y adelantar labores pedagógicas con las comunidades.

Hay tantos estudios, que ya se palpa es un sobre diagnóstico. Los han hecho el Igac, Cámara de Comercio, Corpamag y por último, y ojalá sea verdaderamente el último, el que se desarrolla con la anuencia de la Gobernación que tiene un rimbombante título: Investigación para la caracterización, zonificación, ordenamiento, restauración y manejo de ciénagas del departamento.

Éste, se da por las asesorías en la formulación de proyectos por parte de Colciencias, y ya existe aprobación por parte del Órgano Colegiado de Administración y Decisión -Ocad-, con asignación de 17 361 millones de pesos. Se espera que se acometan las actividades prontamente.

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