El mundo está loco, loco, loco

Las potencias utilizan su poder militar para combatir males comunes como el terrorismo del Estado Islámico, por ejemplo. Pero también lo hacen para atemorizar a sus rivales en la disputa por el control geopolítico global, como demuestra la carrera armamentística entre Estados Unidos y Rusia. Semana.

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La irresponsabilidad de un buen número de jefes de Estado ha generado confusión y nerviosismo en el planeta. Mientras ellos se pelean por demostrar quién es más poderoso, la gente sufre las consecuencias.

Por: Semana

El mundo está de cabeza. Esta semana una serie de acontecimientos demostraron que la irresponsabilidad es una constante en las decisiones de los gobernantes mundiales. Donald Trump cambió de parecer una y otra vez sobre la guerra comercial con China. Después de que la semana pasada se llamó a sí mismo “el elegido” para librar la guerra comercial contra Beijing, el fin de semana ordenó, cual dictador, que las empresas norteamericanas salieran del país asiático y llamó a Xi Jinping su “enemigo”. Pero al día siguiente dijo que no hablaba en serio y que las negociaciones con el “gran líder de China” continuarían su curso. Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, decidió suspender el Parlamento de su país para atar las manos de la oposición, que buscaba frenar legislativamente un brexit sin acuerdo.

Para muchos, la decisión del excéntrico mandatario puede interpretarse como un golpe de Estado a la democracia británica. En América Latina, Jair Bolsonaro convirtió la crisis del Amazonas en una guerra de egos entre él y el presidente francés Emmanuel Macron, y estuvo a punto de rechazar los 20 millones de dólares que los países del G7 donaron para ayudar a mitigar los incendios que están consumiendo la selva amazónica. ¿Qué le pasa al mundo? Hay unos denominadores comunes, directamente relacionados con la situación actual: el auge del nacionalismo, el aumento de los crímenes de odio, el triunfo de la política del espectáculo y el culto a la personalidad. Este fenómeno se ha venido esparciendo durante los últimos años, ante los ojos del mundo que mira con asombro y horror las decisiones de los líderes, con efectos concretos sobre la vida de las personas. SEMANA analiza los aspectos más preocupantes que tienen al mundo con los pelos de punta. Nacionalismos supresivos

 Los nacionalismos, como demostró Adolf Hitler en el siglo pasado, resultan en persecuciones y en la violación sistemática de los derechos humanos. Hoy, parece haber un resurgimiento de esta peligrosa idea en varias partes del mundo. Desde que Donald Trump llegó al poder, los crímenes de odio en Estados Unidos han aumentado. En lo que va de 2019 ha habido 250 tiroteos, muchos relacionados con el mensaje discriminatorio y xenófobo promulgado por el propio presidente. Según un reporte del Centro de Estudios sobre Odio y Extremismo, los crímenes de odio aumentaron un 9 por ciento en 2018. Desde su campaña electoral, el magnate se ha encargado de reforzar los miedos de sus votantes. Su discurso nacionalista y su política anti inmigrantes han avivado el supremacismo blanco, y la aversión hacia los latinos. El caso reciente más dramático fue el tiroteo en El Paso, Texas, que dejó 22 muertos y más de 20 heridos.

Donald Trump cambió de parecer una y otra vez sobre la guerra comercial con China. Después de que la semana pasada se llamó a sí mismo “el elegido” para librar la guerra comercial contra Beijing,
Donald Trump cambió de parecer una y otra vez sobre la guerra comercial con China. Después de que la semana pasada se llamó a sí mismo “el elegido” para librar la guerra comercial contra Beijing,

En Europa, el caso más preocupante tiene que ver con el brexit, una idea alimentada por el nacionalismo británico en oposición a formar parte de la Unión Europea (UE). Boris Johnson, el primer ministro desde hace un mes, no solo ha insistido en salirse de la UE sin acuerdo, lo que produciría una catástrofe económica; también lo ha hecho con su exigencia de eliminar la salvaguarda irlandesa, mecanismo que prohíbe trazar una frontera física entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. Hacerlo viola lo pactado en el acuerdo de paz del Viernes Santo, que puso fin a un conflicto que dejó más de 3.000 muertos. La violencia acecha en la isla. Sumado a esto, esta semana el excéntrico mandatario golpeó, como pocas veces se ha visto, la institucionalidad británica, cuando pidió a la reina Isabel II suspender el Parlamento. Esa maniobra restringe el margen de acción de los parlamentarios, pues les quita tiempo de introducir una legislación dirigida a evitar una salida de la UE sin acuerdo. La medida empezará entre el 9 y el 12 de septiembre, y terminará el 14 de octubre, solo dos semanas antes de que venza el plazo que dio Bruselas.

Tire y afloje  comercial

Como han advertido los expertos, después de 2019 habrá una recesión económica mundial debido a la desaceleración del crecimiento de la economía china. Sin que parezca importarle mucho, Trump decidió embarcarse en una guerra comercial con la superpotencia asiática. Países de la UE como Francia o Alemania están de acuerdo con que la supremacía comercial de China representa un riesgo para Occidente. Pero han criticado la manera irresponsable y pendenciera con que Trump ha llevado las riendas de ese delicado asunto. Tan solo el fin de semana pasado, y como respuesta al anuncio de Beijing de subir las tarifas a las importaciones estadounidenses, el magnate calificó a China de “enemiga” y ordenó a las empresas gringas devolverse a su país, como si se tratara de un caudillo tropical. Al final, desde Biarritz, donde se llevó a cabo la cumbre del G7, el republicano matizó sus palabras y dijo que tenía “dudas” sobre sus declaraciones y anunció que seguirán en marcha las negociaciones con Beijing. China y Estados Unidos representan el 40 por ciento del comercio mundial, por lo que las consecuencias de sus peleas afectarán a las economías del planeta.

Las armas de los locos

 Las potencias utilizan su poder militar para combatir males comunes como el terrorismo del Estado Islámico, por ejemplo. Pero también lo hacen para atemorizar a sus rivales en la disputa por el control geopolítico global, como demuestra la carrera armamentística entre Estados Unidos y Rusia. Todo apunta a que el nuevo objetivo de los dos consiste en desarrollar misiles de largo alcance que impacten cualquier punto del planeta, además de estar equipados con ojivas nucleares.

A lo largo de 2019, en Brasil se han quemado 500.000 hectáreas de bosque amazónico, una de las peores tragedias que ha sufrido el pulmón de la Tierra.
A lo largo de 2019, en Brasil se han quemado 500.000 hectáreas de bosque amazónico, una de las peores tragedias que ha sufrido el pulmón de la Tierra.

En Latinoamérica, el ejemplo más preocupante es el de Nicolás Maduro en Venezuela. A pesar de que el país atraviesa una crisis económica y social sin precedentes, Maduro ha firmado multimillonarios negocios armamentísticos con Rusia. La idea de comprarle a esa nación bombarderos o sistemas antimisiles le ha servido para enviarle un mensaje a Estados Unidos o Colombia: en caso de que los ataquen, Maduro responderá con sangre y fuego.

El mundo se incendia

 A lo largo de 2019, en Brasil se han quemado 500.000 hectáreas de bosque amazónico, una de las peores tragedias que ha sufrido el pulmón de la Tierra. La semana pasada, las imágenes de incendios masivos preocuparon al planeta, y las miradas se dirigieron al presidente ultraderechista Jair Bolsonaro. El exmilitar no se ha esforzado para ocultar su antiambientalismo. Acabó con la Secretaría de Cambio Climático, terminó con la Agencia Nacional del Agua, desmanteló los organismos de protección a pueblos indígenas y extinguió las unidades de conservación. Como si fuera poco, en plena crisis de los incendios se negó en un comienzo a aceptar la ayuda de 20 millones de dólares que los países del G7 querían enviarle a Brasil, explicando que primero debía recibir una disculpa del presidente francés Emmanuel Macron por haberlo culpado de la tragedia ambiental. Mientras el Amazonas ardía, Bolsonaro puso su orgullo por encima del bien común. La emergencia climática cada vez es más difícil de refutar. Este año, París sufrió su verano más caluroso en su historia, según el programa Copernicus, y lugares como Siberia han sufrido incendios que hace décadas no se presentaban. A pesar de los hechos y la ciencia, personajes como Bolsonaro no están solos en su negacionismo climático. Trump cada tanto repite que el cambio climático es un “invento de los chinos” para disminuir el ritmo de producción de las industrias gringas. El magnate sacó a Estados Unidos de los Acuerdos de París, y a regañadientes y a paso lento ha aceptado regular las emisiones de gases de efecto invernadero como el metano. Otros países, como Japón, siguen fomentando prácticas como la caza de ballenas con fines comerciales, a pesar del repudio internacional. Y todo ello sin mencionar los múltiples conflictos que atenazan a África y Oriente Medio, los cuales no parecen tener un final a la vista.

Desde que Donald Trump llegó al poder, los crímenes de odio en Estados Unidos han aumentado. En lo que va de 2019 ha habido 250 tiroteos, muchos relacionados con el mensaje discriminatorio y xenófobo promulgado por el propio presidente.

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