Venezolana cambió sus sueños por limpiar vidrios en semáforos

Emely Alejandra Sánchez Guevara, en unos segundos sentada, mientras el semáforo está en verde.

La Guajira
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La realidad del país vecino es Colombia ya que todos llegan al país cafetero a buscar una mejor vida.

La crisis sociopolítica por la que atraviesa el vecino país ha repercutido de manera significativa en la migración de venezolanos hacia tierras guajiras, como una de las primeras opciones para apalancarse e irse a otras ciudades o países en busca de mejores oportunidades.

Sin embargo, otros logran consolidarse en el Departamento, pero cada una de esas personas carga historias llenas de aciertos y desaciertos, como aquellos jóvenes que a diario se ubican en los semáforos de la ciudad ofreciendo limpiar los vidrios de los vehículos a cambio de dinero.

Este medio de comunicación conversó con una de estas jóvenes, que narró su historia y contó los desafíos a los que ha tenido que enfrentarse. Ella es: Emely Alejandra Sánchez Guevara, de 19 años de edad, oriunda de la parroquia San Blas, del estado Carabobo, Venezuela, quien afirma que abandonó sus sueños de ser enfermera profesional por limpiar vidrios en las calles de Riohacha.

La joven de complexión atlética, de piel morena y llena de energía positiva, asegura que de lo mucho o pocos pesos que logra recoger, se gana la vida honestamente en la capital de La Guajira.

Asimismo, indica que en su época de bachiller fue una de las mejores estudiantes, por lo que se ofertó para la carrera de enfermería, pero lastimosamente no pudo ingresar a la Universidad. “Necesitaba de una ‘palanca’ o dinero para obtener un cupo, decepcionada y con la crisis socioeconómica que padece mi país, decidí migrar a Colombia”.

Además, señaló que “Unos amigos me hablaron de Riohacha, me pareció bien y con unos ahorros que tenía en bolívares los utilicé para mis pasajes e inicié esta aventura vendiendo conservas de leche en Maicao, pero las cosas no se dieron y seguí mi escala con mis amigos hasta Riohacha para poder sobrevivir”, testificó.

Su día a día

Cuenta que diariamente se levanta a las 6:00 de la mañana, se viste con buena actitud, se prepara un café y sale a trabajar en los semáforos que están entre el Palacio de Justicia y el edificio Caracolí del Distrito.
Aunque a veces la tristeza la embarga, todas las mañanas está presta a regalar alegría y ofrecer sus servicios de limpieza, pese a que la mayoría de los conductores rechazan su labor.

“Tratar con las personas de acá no es fácil. Hay colombianos que no gustan de los venezolanos, te maltratan verbalmente y te dicen cosas feas. Al principio fue difícil, pero luego la gente te va reconociendo y entiende que no estás en cosas malas”, aseveró Emely.


Entre lágrimas relató que cuando se comunica con su madre, ella le aconseja que trabaje mucho, porque la situación allá está difícil y le sugiere que no regrese.
"Mi día a día es una rutina y con ella me bandeo. Aquí estoy desde las 7:00 de la mañana hasta las 8: p.m., y para comer parecemos pajaritos, porque pasamos el día picando”, dijo.
Asegura que en días buenos logran ganar entre 25 a 35 mil pesos diarios y en los días malos, no recaudan nada.
“La gente pensará que aquí se gana demasiado dinero porque muchos carros pasan a diario, pero no es así, gran parte de los conductores te dan las gracias y se van”, apuntó la joven.

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