Antes de perderlo todo, usa tu imaginación

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Escrito por:

Ramón Palacio Better

Ramón Palacio Better

Columna: Desde el Centro Azul

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Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media, Honestino un hombre muy virtuoso y especialmente recto en su manera de proceder, lo acusaban injustamente de haber asesinado a una mujer que ni siquiera conoció, sin embargo le atribuían ese crimen porque el verdadero autor era una persona muy influyente y ampliamente conocida por todos los integrantes del reino.

La mató a propósito, sus evidentes circunstancias, agravantes y responsabilidad lo sindicaban como único criminal y asesino de la conocida mujer de la monarquía.
Por eso, desde el primer momento se buscaron un hombre de baja personalidad, para que sirviera como testigo falso y acusara a Honestino de tan cruel asesinato. Así de esta irresponsable y perversa manera se permitía encubrir, sin ton ni son, al verdadero culpable de este horrible asesinato.

El testigo falso, le mintió descaradamente al jurado y alegaba insistentemente, que Honestino sin duda alguna, era el verdadero asesino de la infeliz mujer del reino. El juicio no duró mucho tiempo, pues el chivo espiratorio, declaró rapidísimo que el culpable se encontraba allí en el sitio de los acusados y lo señalaba con sus manos ante jurados y demás personas que asistían al afamado juicio.

Honestino, tan pronto declaró el testigo falso, entendió que le habían montado un plan para perjudicarlo de por vida, pues la sentencia tradicionalmente en estos casos era la horca. Por ello, pensó que solo le quedaban contados minutos para poder salir de tan injustas acusaciones, que testificaba el hombre que habían llevado de testigo, para encubrir de una vez por todas al verdadero culpable.

El juez también era partícipe de este complot, contra Honestino, por ello actuó con mucho cuidado para no generar sospechas al respecto y manejar el asunto con la natural prudencia, que no demostrara duda alguna respecto a la responsabilidad de Honestino en este asesinato, aparentemente lo suficientemente premeditado. El juez, quería demostrarles al jurado y a todos los asistentes que se llevaba a cabo un juicio muy justo.

Y por ello dijo al acusado: Honestino, conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor Jesús de Nazaret, vamos a dejar únicamente en manos de Él, tu destino, y por ello, vamos a escribir en dos papelitos por separados las palabras: culpable e inocente. Luego, tú procederás a escoger únicamente uno y será la mano de Dios la que decida finalmente tu destino.

Sin duda alguna, el mal funcionario había preparado dos papelitos con el mismo nombre "culpable" y Honestino, como pobre víctima aun sin conocer los detalles con exactitud, se dio perfecta cuenta, de que el sistema que estaban llevando a cabo era una burda trampa para llevarlo a la horca y no encontraba escapatoria alguna. Todo estaba listo, y el Señor Juez conminó a Honestino a tomar uno de los papeles doblados y que habían colocado en una pequeña bandejita de madera. Honestino respiró profundamente frente a la bandeja con los dos papeles frente a sus ojos.

Luego con una extraña sonrisa cogió uno de los papelitos en sus manos lo apretó fuertemente y se lo llevó a la boca y rápidamente, lo engulló de inmediato y se lo tragó de un solo envión.

Sorprendidos y enormemente indignados los presentes en el juicio, le reprocharon airadamente a Honestino, lo que hizo con el papelito. Por qué hizo eso, porque lo hizo? Y ahora qué? Cómo vamos a saber el veredicto? Muy sencillo, respondió Honestino, es cuestión simplemente de leer el otro papelito que queda y así sabremos lo que decía el que me tragué, como les parece? Con rezongos y bronca mal disimulada, el juez debió liberar a Honestino de inmediato y jamás volvieron a molestarlo.

Ha Honestino lo salvó su creatividad, cuando todo parecía perdido, uso siempre su imaginación. En los momentos de crisis solo la imaginación es más importante que el conocimiento.

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