Ciegos guiando ciegos

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jorge García Fontalvo

Jorge García Fontalvo

Columna: Opinión

e-mail: jgarciaf007@hotmail.com

El pasado domingo, en horas de la mañana, mientras me encontraba de paso en uno de esos supermercados de cadena en los que se aprovecha el espacio para el servicio religioso, escuché cuando un sacerdote exhortaba a sus fieles a boicotear el canal Caracol durante los siguientes treinta días.

Intrigado por lo que escuchaba a lo lejos, decidí acercarme y agudizar mis sentidos intentando comprender el motivo de la extraña propuesta que hacía a los creyentes, el ministro de Dios.

Por un par de minutos dispuse toda mi atención hacia semejante tarea, hasta que comprendí que la alta jerarquía católica se sentía insultada a causa de un reportaje transmitido en dos entregas, por el programa Séptimo Día.

Como el tema tratado en ese programa no es tópico de interés en este artículo, no deseo entrar en discusiones triviales con la gente que estimo por cuestiones que se relacionan con la religión, la política, la economía, el socialismo, el capitalismo, el fútbol, la izquierda o la derecha.

Siempre lo he planteado de esta forma: No existen realmente diferencias significativas en el mundo de los hombres, que puedan ser aceptadas como válidas para permitir la violencia en contra de aquellos que no piensan y actúan como los demás lo desean.

Además, la discrepancia de pensamiento no es causa suficiente para maltratar, humillar o esclavizar a los que no comparten mis ideales mezquinos. A propósito, no comparto los ideales que gobiernan el corazón de los hermanos que se involucran en situaciones que alimentan la ignorancia y la estupidez humana.

No obstante, cada quien decide libremente si permite ser manipulado o no. De hecho, no hice mucho para profundizar acerca del asunto en cuestión, porque soy consciente de que a un sector significativo del periodismo televisivo lo único que le interesa es el rating y controlar a la gente.

Pero, me causa indignación que algunas personas utilicen la influencia material o espiritual para lograr objetivos quisquillosos. En especial, cuando representan instituciones que promueven supuestamente la reconciliación nacional, el perdón y el olvido.

Qué cuento tan reforzado el de los actores de esta burda novela.
Me pregunto, ¿quién soy yo para incitar a mi hermano a no apreciar lo que sucede en el mundo real? Incuestionablemente él tiene derecho a juzgar por sí mismo lo que ocurre a su alrededor, y no a que otra persona le indique como están las cosas en el planeta.

Lo que veo es una prueba fehaciente de que ciertos líderes ejercen un dominio enfermizo sobre las masas resignadas. Y yo que pensaba que el gobierno fraudulento de "la santa inquisición" había dejado de ser hace mucho tiempo.

Lo peligroso de esta situación es que vivimos en un mundo sinvergüenza en el que toda persona o institución se siente feliz denigrando y atacando a los demás. Pero, se ofende cuando alguien se atreve a ventilar los actos corruptos que se visualizan en su hábitat, aunque estos sean casuales.

Colombia, sin lugar a dudas, es la sede de la sociedad más hipócrita de la tierra.

La derecha y la izquierda, liberales, conservadores y comunistas, cristianos y judíos, socialistas y capitalistas, y en general todos los sectores sienten ser los portadores de la verdad absoluta, y se consideran libres de pecados según su propio concepto. Al final, "él tuvo la culpa".

A nadie, absolutamente a nadie, le interesa que el pueblo conozca la realidad de las cosas. Sino que se mantenga perdido en la ignorancia, cautivo de las mentes insanas que creen que las instituciones son superiores a la dignidad humana y por eso, están por encima del bien y del mal.

Debo aclarar -pues seguramente de hoy en adelante el boicot será en contra de esta columna- que lo que expreso en estas líneas lo hago libre de todo prejuicio. Sin embargo, me opongo a que el pueblo continúe siendo esclavo de la ignorancia, provenga ésta de donde provenga.

Somos libres de decidir acerca de lo que deseamos creer, pensar y sentir, y no es justo sujetarnos mansamente a los caprichosos pensamientos de los que se dicen maestros. Porque, ¿qué gracia tiene ver a un ciego guiando ciegos?

"Si cada uno tuviera una vela y fueran juntos las diferencias desaparecerían." (Rumi, Poeta Sufí).

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