Se calentó el ambiente

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Escrito por:

Jorge García Fontalvo

Jorge García Fontalvo

Columna: Opinión

e-mail: jgarciaf007@hotmail.com

La última semana se terminó de calentar el ambiente en Colombia. No por causa de la sequía, porque la lluvia gracias a Dios volvió, sino por el polvorín que se levanta entre uribistas y miembros de la izquierda encabezados por el senador Iván Cepeda y la ex congresista Piedad Córdoba.
Celebro que el asunto de la parapolítica se lleve a debate público y se aclare de una vez por todas, el papel que el Estado desempeñó en el proyecto Castaño. Igual, pienso que es justo que el país conozca al detalle todo sobre la participación de algunos congresistas, gobernadores, alcaldes, diputados, concejales, magistrados, jueces, fiscales y demás funcionarios que participan y han participado descaradamente de la barbarie terrorista auspiciada por la narco guerrilla colombiana, durante las últimas décadas.
Que no crean los señores de la fuerza paramilitar y el narcoterrorismo que sus transgresiones quedaron guardadas en el baúl de los recuerdos. No señor, nada de eso se olvida. Las cosas deben quedar claras y por ello, todos deben acudir ante una injusticia imparcial -ahí está el problema, de eso no dan en Colombia- para que respondan por los crímenes cometidos en contra del pueblo.
La gente, contrario a lo que digan los hipócritas, no puede olvidar que paramilitares y narcoterroristas desan-graron al país y torturaron por mucho tiempo a millones de colombianos.
No solo aquellos que sufrieron directamente la violencia guerrillera y paramilitar conocen el horror de la guerra y el dolor manifiesto de las víctimas. También, el resto de la población, aquellos que estuvimos alejados de las zonas de violencia, conocemos la barbarie manifiesta de los cobardes.
Tanto los que apoyaron la política paramilitar, como los sinvergüenzas que gravitaron en torno de la inmundicia enfermiza de las Farc y demás agrupaciones guerrilleras colombianas, deberían ser condenados para que paguen el mal que causaron a la gente noble del país.
Porque la justicia debe recuperar su credibilidad, no se puede aceptar la celada que el grupo terrorista y un sector de la dirigencia política nacional le hacen al pueblo colombiano. -No puede existir intención noble en un proceso de paz manipulado por el secretariado de las Farc desde La Habana, mientras continúa la ola de atentados terroristas, los asesinatos y secuestros extorsivos-.
Tampoco acepto la maligna complicidad que se forjó al interior de los despachos públicos entre los representantes del Estado y el funesto cuerpo de asesinos paramilitares del clan Castaño. Por eso pienso que es justo que sobre todos los culpables debe caer el peso de la ley en su real magnitud.
Está bueno de tanta impunidad, es hora de actuar. Condenemos por igual a los farzantes que hoy se muestran ante el mundo como ovejas, y a los miserables que se embriagaron con la sangre de los colombianos, para que ni uno solo de los asesinos que masacraron a Colombia se salga con la suya.
Es el momento oportuno para que la justicia demuestre de qué está hecha, y se reivindique con los que sufrieron los embates de la guerra. No más alianzas entre los órganos de justicia y los violentos.
Que se abra el debate público, pero un debate sano y decente, no uno manipulado por las Farc y los amigos del gobierno. Colombia debe conocer la verdad escondida por años. Que hablen los presidentes, sus amigos, servidores y demás funcionarios que les acompañaron durante sus periodos de gobierno, desde el Frente Nacional hasta hoy.
Que hablen y den la cara al país todos los involucrados con el paramilitarismo y la narco guerrilla. Que hablen todos y se muestre al mundo el grado de suciedad que existe al interior de los órganos del Estado. El pueblo merece conocer la verdad.
No más mentiras, no más insultos, no más "farc-za". Aporten las pruebas que se tengan que aportar a las autoridades en Colombia o a la justicia internacional. Aunque con esto último la verdad no estoy de acuerdo, porque debería ser la justicia colombiana la que juzgue a los maltratadores de la comunidad, y no quien no conoce la realidad del problema colombiano. Pero si es necesario, que así sea.
Por el bien de Colombia, es importante que aquellos que sientan el deber moral de denunciar lo hagan, y aporten las pruebas que sean necesarias para esclarecer los hechos. No más fanfa-rronerías ni bravuconadas. Como valientes guerreros es tiempo de dar la cara en justa lid. Y ojalá que la justicia muestre su real naturaleza para que los jueces actúen con honestidad, y Colombia por fin conozca la verdad que siempre se ha querido esconder.

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