Venezuela, en vertiginosa travesía

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernán Gutiérrez Herrera

Hernán Gutiérrez Herrera

Columna: Opinión

e-mail: hernan.editor@gmail.com

Quiero hablar de un asunto que poco se debate, pero que mucho se sufre en Venezuela. Especialmente en el Zulia. Me refiero a los numerosos retenes, o "alcabalas", como las llaman por allá, que se encuentran en las principales vías del país.
Hace poco tiempo realicé una vertiginosa travesía en el vecino país. Entré por la frontera con Brasil, en Santa Elena de Uairen, recorrí todo el estado de Bolívar. La inusitada selva amazónica, me dejó un sinsabor por causa de dos agentes de la Guardia Bolivariana que me pararon en una alcabala, me pidieron que me bajara del vehículo, me requisaron y sin más ni menos me quitaron ciento cincuenta y cinco dólares que tenía en la cartera. Sin ningún motivo me robaron. Y se aprestaron a aclararme que así era mejor, porque si me ponía a reclamar, el jefe de la unidad me dejaba preso ahí mismo. Atendí la maldita recomendación y dejé así.
Continué el camino hacia los estados de Monagas, Anzoátegui, Miranda y finalmente Caracas, con una zozobra desconcertante. Quise relajarme y disfrutar del viaje pero estuve tenso y muy preocupado cada vez que paraba en una alcabala, pues la Guardia representaba mi mayor obstáculo en ese momento.
Cuando llegaba a Caracas no pude dejar de observar la pobreza de la ciudad. Está sumergida en un ambiente de insatisfacción y de necesidades de toda clase, a comenzar por la seguridad. Tal vez el talón de Aquiles de los chavistas en los últimos tiempos. Al continuar entré en el terminal de Banderas y me embarqué en un bus directo hacia Paraguachón, en la raya, frontera con Colombia.
El viaje recomenzó con tranquilidad. Andamos toda la noche sin inconvenientes por Aragua, Carabobo, Yaracuy, Lara, y Zulia hasta, finalmente, llegar a Maracaibo en horas de la mañana. Exactamente a las 5 a.m. Según mis previsiones, llegaría a la frontera en menos de 4 horas, pero no fue así, el viaje se transformó en otra pesadilla.
El percurso entre la ciudad de Maracaibo y Paraguachón nos costó más de 300 bolívares a cada uno, aparte del pasaje, pues los guardias pedían una suma de dinero para dejarnos pasar sin tanta demora. Fuimos parados en cinco alcabalas, en las cuales, a pesar de haber pagado propina, nos revisaron todas las maletas.
Una cosa me pareció muy sospechosa; y es que en cada alcabala que parabamos le iban quitando productos a los pasajeros, pero les dejaban algunos y así sucesivamente, pero al llegar a la frontera, para sorpresa de todos, quitaron todo y cualquier producto que estuviese nuevo. No dejaron nada. Esto me hace pensar que entre ellos se programan para no quitarlo todo de una vez y poder extorsionar las veces que quieran en el camino.
Es importante hacer una deducción, que parecería lógica, pero no se percibe así por las autoridades. Me refiero a la ineficiencia de este sistema de retenes, que no contribuyen para la verídica reducción del contrabando en las fronteras, muy por el contrario, acaban creando un nuevo mercado de corrupción para estos "buitres" con uniformes verdes. Sin contar que los dueños del gran contrabando, es decir, los contrabandistas de gran escala, no tienen afectaciones con estas medidas porque sus productos se pueden encontrar fácilmente al otro lado de la frontera. Sea en Maicao o en Cúcuta.
Y la pregunta del millón es: ¿será que los miembros del Partido Socialista Unido de Venezuela y los gobernantes del país no perciben lo obvio? ¿O lo perciben y se hacen los de la vista gorda?
Es hora de reflexionar y tomar decisiones acertadas pues estas medidas absurdas y abusivas golpean tanto al pueblo venezolano, como a los miles de colombianos que residen en ese país.
Quiero, para terminar, aclarar que con este breve texto no quiero generalizar, pues entiendo que muchos guardias son gente de bien, trabajadores y honrados. Simplemente deseo evidenciar un problema cancerígeno que se teje entre las esferas del poder en la República Bolivariana de Venezuela.
¡Que Dios nos ayude y que las cosas cambien!

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