Tira la piedra y esconde la mano

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

La prensa y en general los medios de comunicación están llenos de artículos sobre la conducta del Procurador General de la Nación. Ninguno lo disculpa completamente, aunque crean que el alcalde Petro se lo buscó por su mala administración.

El tema va desde la pedida sútil y hasta explícita para que Ordoñez salga o lo saquen del puesto, hasta una revisión profunda de las facultades que se le han otorgado a esta institución, que el actual Procurador ha utilizado en exceso. Sin embargo, hay un detalle que pocos o probablemente ninguno de los comentarios ha notado y que demuestra cosas muy complejas sobre la conducta de este personaje.

Resulta que apenas terminó la rueda de prensa donde comunicó su decisión sobre el alcalde Petro, de inmediato, según dicen los medios, salió para su residencia donde pasó la tarde rodeado de su familia, observando el desarrollo de los acontecimientos por televisión, que su palabras produjeron.

Pero hay más. Resulta que también le dio la orden a todos los funcionarios de la Procuraduría para que dejaran sus oficinas y se fueran a sus casas mucho antes de que se terminara la jornada laboral, de manera que después de las 3 de la tarde no hubiese nadie en esta entidad. Es decir, él sabía muy bien lo que se vendría pero como un ser muy especial, por decir lo mínimo, se ubicó entre aquellos seres que 'tiran la piedra y esconden la mano'.

Tuvo tino al salir corriendo y ordenar lo propio con sus subalternos porque como era previsible, rápidamente un grupo de indignados con su decisión se ubicaron a las puertas de la Procuraduría y si él o su gente hubiese estado allí, no les habría ido muy bien.

Pero sobrestimó el poder de sus áulicos y copartidarios como el Partido Conservador y el Uribismo y por consiguiente su postura de súper poderoso que lo llevó a pensar que simplemente tenía que esperar a que bajara la marea, como se dice en lenguaje coloquial.

Pero en medio de su absurda crecida, gracias entre otras a algunos medios de comunicación que se han atrevido a proponerlo como más poderoso que el mismo Presidente de la República, pensó que bastaba con esconderse momentáneamente. No contaba con algo muy colombiano y es que sus escuderos lo han dejado solo ahora que todo el mundo quiere sacarlo del puesto porque ha abusado o por lo menos creen que se le deben quitar funciones.

También subestimó algo que si fuera realista había podido predecir: que sus decisiones ya habían causado tal rechazo que solo faltaba la gota para desbordar la copa. Y esta última sumada a la reciente sobre el Superintendente Bancario, hizo que gente que generalmente no opina en temas políticos, estuviera dispuesta a protestar, como la Academia, los economistas, es decir la tecnocracia que se sintió absolutamente intimidada por las decisiones poco analizadas -según muchos- que estaba tomando.

Es síntesis, tan macho, tan poderoso es el Procurador que sin que nadie se lo dijera salió corriendo a refugiarse en lugar seguro, su hogar, en vez de quedarse y enfrentar las protestas con los argumentos que consideró válidos para tomar estas y otras decisiones que acabaron con la vida política y pública de mucha gente. Pero no, tiró la piedra y escondió la mano y se equivocó dejando la sensación de alguien que no es tan macho como se cree.

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