Las Ciénagas del Caribe

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

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El pasado viernes se llevó a cabo en Ciénaga el lanzamiento del libro ‘La Economía de las Ciénagas del Caribe’. Dada la importancia de las ciénagas y del gran número de ellas en la región Caribe colombiana, los investigadores María Aguilera Díaz, Joaquín Viloria de la Hoz e Irene Salazar Mejía, del Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER), del Banco de la República (Cartagena), estudiaron cuatro de las más grandes ciénagas del país ubicadas en tres departamentos de la región: la Ciénaga Grande de Santa Marta (Magdalena), la Ciénaga de Zapatosa (Cesar y Magdalena), la Ciénaga Grande del Bajo Sinú (Córdoba) y la Ciénaga de Ayapel (Córdoba).

Después de leer los mencionados trabajos, puede observarse el esfuerzo realizado por dichos investigadores y la calidad conceptual y metodológica con que fueron implementadas las investigaciones de campo. Dichos estudios representan para el gobierno nacional y los gobiernos locales imbricados una indiscutible herramienta para la comprensión de los problemas que afectan nuestras ciénagas y, a la vez, una imperecedera guía para cualquier gestión que de manera integral pretenda resolverlos en beneficio del medio ambiente y de los seres humanos que han vivido durante siglos de los servicios ofrecidos por dichas fuentes naturales.

La región Caribe cuenta con una gran riqueza en humedales y contiene el 82% de las ciénagas del país. Las ciénagas son humedales de importancia ambiental por las funciones que cumplen, como la de controlar inundaciones al estancar grandes cantidades de agua, regular los caudales de los ríos, retener los sedimentos al maximizar procesos de decantación y depósitos de materiales purificando el agua proveniente de las cuencas y de los asentamientos humanos adyacentes. Estos sistemas son el hábitat de una rica biodiversidad de flora y fauna que tienen importante valor económico, ya que generan bienestar e ingresos a las poblaciones que se benefician directamente.

Desde que los primeros hombres pasaron del uso del instrumento al uso del útil o de la herramienta, empezó a intervenir de manera definitiva sobre el resto del mundo biofísico que lo engendraba y determinaba. Sin embargo, fue después de la revolución industrial que los seres humanos introducimos profundos cambios en los ecosistemas con el fin de satisfacer nuestras crecientes demandas de alimentos, agua, materiales o energía. La intensidad y velocidad de estos cambios no tiene precedentes en la historia del Planeta, y diversos estudios en el mundo entero han demostrado preocupantes efectos sobre los procesos que determinan la integridad de los sistemas naturales y las sociedades, poniendo en riesgo la capacidad de los primeros de brindar productos o servicios esenciales para el bienestar humano.

La idea está centrada en cómo un "cambio global" al proceso emergente en relación con los cambios ambientales, generados por las actividades humanas que están modificando los procesos biogeofísicos que determinan el funcionamiento global de nuestro Planeta y que de no prestarle la atención debida, terminaremos colocando en grandes posibilidades de extinción a muchas especies, incluyendo, lógicamente, a la humana.

Los problemas de deterioro que presentan nuestros sistemas biofísicos no pueden ser entendidos si no se articulan a los procesos que viven las comunidades que interactúan sobre ellos, estableciéndose un condicionamiento mutuo. Dicho de manera simple: sin la participación activa de la gente en la recuperación de nuestras riquezas naturales no parece posible evitar los desastres ecológicos que hoy vienen operando sobre la faz de la Tierra. Los pobladores locales, con su ancestral y amplio conocimiento, deben ser actores decisivos en los procesos de gestión, de toma de decisiones y de evaluación.

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