El cardón guajiro

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Bustamante Barros

Carlos Bustamante Barros

Columna: Columna Caribeña

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Nos refieren las ciencias naturales que es de la familia euforbiáceas, originado de las islas canarias, España, puede alcanzar hasta cuatro metros de altura, su crecimiento es relativamente lento, con tallos erectos de 5 o 6 centímetros de espesor, costados planos y de aristas o bordes agudos, con prominencias en toda su longitud, de espinas apareadas dispuestas a lo largo de toda su longitud, de flores pequeñas de color marrón, de lo cual se desprende que el nombre de cardón guajiro es vulgar y así se reporta en los amplios textos enciclopédicos que nos refieren asuntos originales y otros no tanto derivados de la madre naturaleza.

La región de Colombia, nuestro país, donde existen mayor cantidad de cardonales insertos en su territorio es el departamento de la Guajira, porque su condición geográfica propia de los desiertos hace posible que esta planta de crecimiento lento subsista en condiciones climáticas rigurosas, agrestes, de tal modo que uno de los compositores vallenatos más destacados como es el maestro Leandro Díaz vertiera glosas rítmicas en una canción que lleva por título "…. El cardon Guajiro", en la cual el excelente compositor manifiesta en una de sus estrofas: "….Ayer tuve una reunión con la pena y el olvido después de una discusión la pena perdió conmigo, yo soy el cardon guajiro que no lo marchita el sol…"

En la misma composición musical el maestro Leandro Díaz , refiere "….Yo soy la planta guajira que en verano no se ve y apenas empieza llover se ve la tierra tupida de plantas reverdecidas a punto de florecer..", hermosa canción del excelso maestro el cual en una fusión enaltecedora de la imaginación y la realidad la compara con planta referida del cardón para no dejarse vencer y agregaría al querido maestro que mucho menos cuando posee tantos amigos diseminados a lo largo y ancho del Caribe colombiano y de nuestra patria irredenta, curtidos en los vaivenes que la vida tiene, los cuales evaluamos con creces su valioso aporte al folclor musical de nuestro terruño amado en sus cinco regiones integrantes de nuestra nación única e indivisible.

A propósito de los cardones, recuerdo como estela fulgurante de luz en la noche oscura que hace algunos años un sacerdote capuchino en una decisión inconsulta con el Padre Celestial arrojó su habito negro sobre las ramificaciones espinosas del cardón, en la región de media Guajira llamado Marañamana, como señuelo inequívoco de su ingreso a la vida laica, allí permaneció durante un tiempo el vestido usado por el clérigo, hasta que la intemperie hizo mella de él para reducirlo a harapos y desaparecer para siempre bajo los grandes promontorios de arena impulsados por la brisa del desierto.

En ese lugar equidistante en este lugar de la patria los aborígenes wayúu lo observaban con cierto respeto e incluso algo de temor porque decían que al filo de la media noche, escuchaban lamentos y observan sombras extrañas a su alrededor, acicateado por la curiosidad que en este caso particular vale decir no mata al gato, me acerqué a dicho lugar con un indígena de la familia para comprobar la tesis expuesta, encontrando al final todo normal, solo los aleteos caprichosos de los harapos propiciados por la brisa fría del desierto en la inmensa soledad nocturna, en la que las estrellas de los cielos brillan más.

Desde este lugar recóndito del mundo, enviamos un saludo fraternal al maestro Leandro Díaz, excelente compositor de música vallenata quien tuvo inteligencia e imaginación creadora en plasmar para la posteridad de los días "El cardón guajiro…", fusionando con sapiencia las objetividades de la planta referida con la realidad, en la que visiblemente hace emulaciones sociales de la gran capacidad colombiana en saber capotear las diferentes oscilaciones que la vida depara, pero que por los arraigos naturales se superan con creces.

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