Hablan las descalabradas obras del distrito

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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com
La Alcaldía efectuó “el pago de una obra de baja calidad que no está cumpliendo la función para la cual se construyó y restringe el uso del escenario para la comunidad”.
Esta ha sido la conclusión de la Contraloría General de la Nación, después de realizar la inspección en el que se suponía debía ser el Coliseo Cubierto de Gaira.
Como si se tratara de una escena macondiana, al llegar la Contraloría a realizar sus labores de control excepcional en terreno, comenzó a llover. El clima al parecer se solidarizó con el escenario deportivo a fin de dejar al descubierto ante los entes de control que, después de una inversión de $ 4.022 millones ($ 2.682 millones más una adición de $ 1.344 millones), ésta obra no cumple con la básica función que su denominación le adjudica: cubrir.
Además de las filtraciones, la Contraloría informó sobre el “mal funcionamiento de uno de los tragantes instalados a nivel de cubierta y una de las bajantes instaladas”, lo cual “ está facilitando el deterioro de obras al interior del coliseo, como el maderamen”.
Lo anterior no es un caso aislado, pues otro de los impresentables mega-detrimentos que ha ocasionado la deficiente planeación y ejecución de obras por parte del Gobierno de Martínez, es el Centro de Desarrollo Infantil de Bonda, auditado en días pasados por el mismo ente de control. En este proyecto se hallaron 17 posibles irregularidades administrativas y 13 fiscales, en donde se involucran recursos por el orden de los 8 mil millones de pesos.
Al rosario de irregularidades, se suman nuevos hallazgos en los contratos de ejecución de los puestos de salud de La Candelaria, La Paz y Taganga, en los que salieron a relucir: la adición de más de $ 1.000 millones al valor del contrato inicial, el faltante de equipos y deficiencias de las instalaciones físicas, las cuales se valoran en aproximadamente $177 millones.
En esta línea de detrimento, se suman otras obras de gran inversión como la Megabiblioteca ($ 27 mil millones) y la construcción del estadio Sierra Nevada ($ 69.000 millones), las cuales siguen sin ser entregadas para el servicio de acuerdo con los términos contratados.
Pese a que las descalabradas obras del Distrito comienzan a hablar de sus deficiencias por si solas, resulta inadmisible que los hallazgos, investigaciones e imputaciones, no trasciendan de simples anuncios que mojan la prensa del día, para luego convertirse en el periódico de ayer. Mientras los responsables alimentan sus aspiraciones políticas, y abrazan el poder, como si nada debieran a la sociedad; los samarios tenemos que hacer diariamente el tour de la ignominia, al observar cómo se deterioran costosas obras, que sin haber sido puestas al servicio, comienzan su etapa de deterioro en medio del paisaje urbano.
No hay derecho, que con tantas necesidades por satisfacer y con limitados recursos públicos para atenderlas, los entes de control no ejerzan con oportunidad sus labores de vigilancia y sanción contra quienes generan detrimento al erario.
Ante el letargo en la respuesta de los entes de control, solo resta esperar que alguno de estos se digne a tomar una decisión proporcional al detrimento causado a la ciudad, no solo en términos financieros, sino en términos del costo que la perdida de oportunidad ha causado en el mejoramiento de la calidad de vida de la población.
En lo que respecta a la veeduría que debe ejercerse por parte de la ciudadana, ésta ha resultado muy pobre. Los medios, gremios, organizaciones civiles, academia, han escatimado su influencia en el control de la gestión pública, por tanto, el manejo de la ciudad ha quedado a discrecionalidad de los gobernantes.
Alguna vez nos hemos preguntado que pudo haber solucionado la ciudad con la suma de todas esas inversiones fallidas y sus respectivos sobrecostos? Somos conscientes del impacto que tienen estos fracasos en la competitividad del territorio? Esa es la cuestión!

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