El populismo como tabla de salvación

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Las primarias en Argentina dieron al candidato del kirchnerismo, Alberto Fernández, una ventaja de 15 puntos sobre Macri, lo cual asustó a los mercados. Inmediatamente el capital golondrina voló a otros países y la bolsa de valores argentina se derrumbó.

Aunque las elecciones son en octubre y en política dos meses es una eternidad, el descontento es el mayor escollo a sortear por parte de Macri.

Fieles a nuestra tradición latinoamericana, persistimos en alternar populismos de izquierda y derecha en el poder sin encontrar una real solución a nuestros problemas. Hoy, Argentina se parece al paciente con cáncer que quiere interrumpir el tratamiento de quimioterapia porque es muy doloroso, consciente de que hacerlo es una sentencia de muerte.

Restablecer la salud macroeconómica de Argentina, resquebrajada como consecuencia de los excesos del populismo económico de los Kirchner, no era y no es tarea fácil. Los grandes sacrificios que en 2015 los argentinos creyeron poder hacer, hoy son rechazados por la mayoría de la población. En las propias palabras de Macri: “Hay muchas prioridades, por mi formación de ingeniero prioricé solucionar las cosas de fondo, hacer las bases para que el país se ponga de pie. Pero soy consciente que el día a día terminó siendo una exigencia agotadora para muchos”.

El regreso del kirchnerismo al poder tendría funestas consecuencias para Argentina y para la región. Lo que menos necesita América del Sur es otra Venezuela en el vecindario, con el agravante de que Argentina es la tercera economía más grande de América Latina y su mala hora se dejaría sentir con fuerza en sus vecinos inmediatos y socios comerciales naturales. El coletazo afectaría a Colombia. Panorama grave en medio de la incertidumbre mundial. Argentina sería un barco demasiado frágil para resistir la tormenta que estamos enfrentando.

Macri ha entendido que de no hacer algo, Alberto Fernández será el próximo presidente, y por esto no ha tenido opción diferente a abrazar al populismo, aunque sea solo transitoriamente. ¿Populismo por una buena causa? Ha anunciado medidas que beneficiarán a las pymes y a millones de trabajadores. Le tocó echar mano de una política monetaria expansiva agresiva.
Bajará impuestos, los subsidios a los pobres aumentarán, los combustibles no podrán subir de precio, y muchas otras medidas encaminadas a que la gente sienta el alivio en el corto plazo, y Macri pueda conservar su puesto.

La génesis de estos descontentos populares siempre es expectativas altas que no se materializan. La angustia diaria en que viven muchos de nuestros compatriotas latinoamericanos, los obliga a pensar en el cortísimo plazo. Aunque no lo vocalicemos de esta manera, cuando elegimos presidente, estamos eligiendo un milagrero. Alguien que mágica y rápidamente y sin dolor nos resuelva los problemas y las angustias. Ese milagrero en nuestras lides políticas es el famoso caudillo. Y en casi todos los casos, la euforia por la victoria da paso a la desilusión y a la rabia y al consabido giro del péndulo a la orilla contraria.

Los Kirchner se sostuvieron doce largos años en el poder robando y regalando, mientras el país y su economía se iban al piso. Los que recibieron tantos y tan generosos “regalos” no quisieron entender que los “regalos” eran autoregalos.

Nunca ha sido fácil balancear el impacto social de las dolorosísimas medidas de choque con la necesidad fría e inhumana de estabilizar la economía y aplicar correctivos estructurales.
Nuestra fibra social y nuestra historia no nos hacen precisamente pueblos capaces de hacer grandes sacrificios pensando en el largo plazo, como si es el caso de muchos pueblos en Asia.

Gran parte del “milagro económico” de Asia se debe a este condicionamiento social. Cierto es también, que muchos pueblos asiáticos no han asumido los sacrificios libremente sino obligados por gobiernos autoritarios. Curiosamente, el único caso de éxito de la agenda de desarrollo en América Latina es Chile; agenda implementada bajo la dictadura de Pinochet.

La imposibilidad del autoritarismo en países enclenquemente democráticos como Argentina, y las exigencias cada vez más altas de una democracia incipiente y corrupta, obligan a que incluso cuando se quiere hacer gobiernos serios, se terminé sucumbiendo al populismo. Y el subdesarrollo con todos sus males sigue ahí.
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