Teorías de conspiración

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

“No creo en brujas pero que las hay, las hay”, dogmatizaba Miguel de Cervantes. Son fascinantes las denominadas llamadas teorías conspirativas, que pretenden explicar sucesos desde ópticas distintas a las verdades oficiales, las cuales en no pocas ocasiones son mentiras evidentes para tapar importantes hechos de gran impacto político y social.

Las teorías de conspiración señalan a grupos poderosos y malintencionados que están detrás de muchos eventos de repercusión social y mediática, organizados detrás de bambalinas con objetivos nefastos. Muchas de estas especulaciones son producto de imaginación febril, pero en ciertos casos sí se ha demostrado la conspiración.

La teoría de conspiración desconfía de las verdades oficiales, busca fisuras insalvables y plantea una nueva verdad. Se inicia con dudas más o menos firmes, continúa con hipótesis bien estructuradas y culmina con un nuevo planteamiento. Regularmente, se buscan pruebas –no siempre se encuentran, y la especulación aparece– para la demostración final. Algunas son verdaderas piezas detectivescas dignas de Hércules Poirot. Pero las conspiraciones sí existen, y las vivimos permanentemente, especialmente en estos tiempos de dominio de los mass-media. Karl Popper (Las sociedades abiertas y sus enemigos) criticó las ideologías que conducen a los extremos, y afirmó que los totalitarismos están fundamentados en teorías conspirativas, que recurren a complots imaginarios en escenarios paranoicos. “Son fenómenos sociales típicos”, explicaba, y separa las conspiraciones de las teorías de conspiración. Asuntos distintos.

Teorías conspirativas hay desde las más inofensivas o ridículas hasta las verdaderamente peligrosas. Por ejemplo, que John Lennon y Elvis Presley no murieron y viven retirados del mundanal ruido en sitios apartados; que la Tierra es plana, dicen unos, o esférica pero hueca por dentro, creen otros. Hasta las más cándidas aseveraciones pueden volverse peligrosas si encuentran público acondicionado mentalmente. Si un personaje reconocido como el actor Jim Carey afirma que el presidente Trump es reptiliano, quienes creen en ello dirán que el mandatario busca esclavizar a la humanidad y hay que combatirlo, lo que podría generar un atentado, por solo especular. Los paranoicos son numerosos y están en todas partes. Los medios ayudan a difundir teorías de conspiración bien estructuradas, especialmente cuando son afectas al régimen de turno y se dirigen a perseguir minorías o a debilitar a rivales políticos. Pongamos por caso el Brexit o el referendo por la paz en Colombia.

En nuestro país, los conspiradores se dirigieron a un público inculto políticamente y fanático con argumentos tan ridículos (que muchos aun juran sobre la Biblia que son ciertos) como la “ideología de género”, “el rayo homosexualizador”, “la entrega del país a las Farc”, y con toda una serie de sandeces lograron derrotar a la razón y pusieron en vilo el acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc. “Estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”, dijo el gerente del NO, Juan Carlos Vélez. Las redes sociales viralizaron los ridículos mensajes, apoyados en la foto del entonces presidente Juan Manuel Santos y el jefe de la desmovilizada guerrilla cuando se firmó el acuerdo de paz. La conspiración ganó.

Desde el final de la Segunda Guerra, Estados Unidos siempre tiene un enemigo, real o ficticio, sobre el cual basa muchas acciones de repercusión internacional. A la Unión Soviética de la Guerra Fría siguieron iraníes, colombianos, cubanos y ahora el mundo musulmán, además de venezolanos, chinos y rusos en el exterior y latinos adentro; la paranoia y la xenofobia en todo su furor. Se borraron de la memoria las inexistentes armas químicas en Irak por las cuales se invadió y destrozó ese país, hoy hecho añicos. Entre espías, filtraciones cuidadosamente deslizadas, afirmaciones sin sentido alguno, periodismo cooptado y líderes con enorme arraigo popular han incendiado el planeta con tal de imponer supremacía. Todavía no se aclaran asuntos como el atentado a las Torres Gemelas, el “Plan de Kalergi” que alega la ultraderecha europea, el gobierno mundial paralelo del Club Bilderberg, los presuntos orígenes de los virus del Sida, el sika o el ébola, la ineficacia de las vacunas contra el VPH y otras tantas teorías que circulan en la red. Algunas serán franca basura, pero otras, quien sabe. “Nada hay verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”, escribió Ramón de Campoamor. En estos tiempos, la verdad siempre resulta estropeada.

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