Periodismo real en tiempos complicados

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Uno de los males que aquejan al periodismo actual es que, en no pocos casos, se ha dejado de lado la búsqueda de la información veraz, el análisis imparcial y la opinión juiciosa para dedicarse al sectarismo y al consecuente proselitismo político.
Esta noble profesión tiene por misión recopilar, clasificar, analizar y priorizar y difundir los hechos por los distintos medios en forma de noticia y análisis para que la sociedad esté enterada de lo que ocurre a su alrededor. El verdadero periodismo ofrece las noticias que el público debe conocer y que el poder quiere ocultar. Si se siguen las reglas éticas, independientemente de cualquier postura filosófica o política, es un ejercicio profesional ajeno a las perversas tendencias actuales. El fin último del periodismo es despertar conciencias, hacer visibles realidades escondidas y proponer cambios.

Es tan grave faltar a la verdad como contarla a medias, descontextualizada y enredada en falsedades. El periodismo real debe promover el debate y fomentar el pensamiento crítico. Ha de ser equitativo, objetivo y comprometido con las minorías desprotegidas. Algunos dicen que debe mostrar inconformismo y transgresión. Desde luego, con equilibrio, objetividad y veracidad, sin desconocer que en estos tiempos periodismo, capital y política se necesitan mutuamente.
Anteriormente, los periodistas creaban los medios y los controlaban. De un tiempo a esta parte, los grandes conglomerados económicos se hicieron a los medios más influyentes, que ahora juegan en función de sus intereses del gran capital, los de políticos aliados y las conveniencias de todos ellos. En 1977, cuando el gobierno de Alfonso López Michelsen estaba agobiado por varios escándalos, el columnista Lucas Caballero “Klim” tuvo al presidente a punto de la renuncia, evitada a último momento por Hernando Santos, director de El Tiempo, quien sacó a “Klim”. Era tan influyente ese diario que en aquel entonces se decía que ponía presidentes. Hoy, el accionista mayoritario de esa casa editorial es un poderoso banquero que elige presidente, congresistas, magistrados y funcionarios de los organismos de control del Estado.

Guillermo Cano, un ejemplo de periodismo, jamás transigió con los temas cuestionados. Fue íntegro hasta el último momento de su existencia. La bomba colocada a El Espectador por los carteles de la droga no le arredró; murió asesinado en un atentado perpetrado por los narcos que conmocionó al mundo entero. Pero hoy, que informadores objetivos, los medios influyentes más parecen boletines de prensa de los propietarios y mampara para personajes afectos a ellos involucrados en escándalos. Pero estos tiempos han modificado el acceso de los lectores a los grandes medios y la lecturabilidad de los mismos. El internet y las redes sociales han generado lo que algunos analistas llaman “periodismo real”. Por ejemplo, cuando un diario impreso sale a la venta, la gran mayoría de las noticias están atrasadas y su valor real lo constituyen las columnas de opinión, los análisis noticiosos y los informes periodísticos.

En consecuencia, los principales medios del mundo se han volcado hacia las redes sociales, pues allí los hechos se registran en tiempo real y tienen una difusión extensa y rápida, sobrepasando en posibilidades a cualquier medio tradicional. Adicionalmente, existe la posibilidad de interacción permanente con los lectores –inexistente en los unidireccionales medios tradicionales - y la posibilidad de controversia directa entre medios, periodistas, analistas y público.
Hoy, cuando algunos importantes medios de comunicación han perdido audiencia, credibilidad e influencia, muchos opinadores ganan público gracias a su presencia en medios virtuales.

Los portales digitales están en permanente actualización, con analistas de todas las tendencias que permiten emitir razonamientos desde diversos puntos de vista, ilustrando mejor a sus lectores. Pero el lado oscuro de las redes son las manipulaciones, posverdades e información falsa. La gran mayoría de lectores carece de formación política adecuada. Como con los medios tradicionales, pueden ser víctimas de peligrosas manipulaciones y la consecuente polarización.

Los medios y los periodistas deben atender su responsabilidad social. Lo cuestionable no es tomar partido, lo que es natural, sino convertirse en tribunas manipuladoras e incendiarias fomentando la polarización. Colombia exige el retorno de la sensatez perdida. Mis respetos a los medios que siguen haciendo periodismo serio.
Apostilla: Rechazo enfáticamente toda forma de violencia. Venga de proceda, el atentado contra la Escuela de Policía General Santander representa el regreso a la guerra.

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