#YoMeVoydelPartidoLiberal

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

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¿Será cierto que los muertos que vos matáis gozan de buena salud? ?Cuantas veces más tendremos que enterrar al Partido Liberal (PL)?  ¿Sera la renunciatón la bala de plata que acabara con la centenaria leyenda?  ¿Es justo acusar a Gaviria de ser el causante del fatal desenlace?  Esto parece introducción de radionovela…y si, es una novela.

Es más útil hacer un análisis de lo acontecido en una línea de tiempo más larga porque arroja luces sobre los cambios que ha experimentado el país político en las últimas décadas.  De hecho la decadencia del PL no ha sido solitaria sino dual, ya que el Partido Conservador agoniza en la cama de al lado.  Analógicamente, Gaviria equivale al último cigarrillo del fumador que contrajo enfisema de tanto fumar.  Tendemos a mirar un solo momento de la secuencia para sacar conclusiones, cuando en realidad el proceso de decadencia del PL comenzó hace bastante tiempo atrás.  La sociedad cambió, la economía se transformó, y los partidos tradicionales no supieron o no pudieron adaptarse y por esto dejaron de ser relevantes.  Es un tema de programas y representatividad.  En síntesis, los dos pilares de la vida política del siglo 20 cayeron en la obsolescencia.

Hay que recordarle a la gente que a Gaviria se le encomendó la tarea de resucitar al muerto.  El problema es que la estrategia terminó de liquidarlo.  Una lectura equivocada y torpe de lo que estaba sucediendo en el pasado proceso electoral, llevó a Gaviria a equivocarse grandemente.  Algo parecido le sucedió a Vargas Lleras.

Los problemas recientes hacia dentro del partido comenzaron en las últimas elecciones de Alcaldes y Gobernadores y se agravaron en las parlamentarias.  Muchos alfiles fieles se sintieron maltratados, y dada la debacle de las presidenciales, decidieron abandonar el barco.  A nadie le gusta apostarle al caballo perdedor.

Gaviria creyó que de La Calle tenía una alta probabilidad de llevar nuevamente al PL a la Casa de Nariño.  Le apostó a recobrar la vocación de poder, pero quiso ganar el Derby con un caballito de madera.  En el ejercicio de las componendas políticas sacrificó a Cristo, el ex ministro, que también era un candidato igualmente malo a de La Calle, pero que contaba con el apoyo de las bases populares del PL.  De la Calle era el candidato del sanedrín y Cristo el de las bases.  Gaviria no rectificó cuando pudo.  A juzgar por la votación de De La Calle, el PL perfectamente hubiera podido jugársela por Cristo y hoy no estaría sumido en la crisis.  Claro, siempre es fácil ser adivino del ayer.

Pero nuevamente, esta no es la causa real de la crisis.  Hace mucho tiempo el PL es irrelevante.  Los amores y desamores y los pulsos por el poder interno solo son evidencia de un partido lastrado por haber sido participe o autor de la decadencia política del país.  Quizás el pasado no perdona, entre otras cosas porque todavía es presente.  El drama que aparece en la prensa es el de la política pequeña y ruin, el de la politiquería y la mermelada.

La transformación de Colombia en un país urbano, el fracaso del socialismo, las conquistas sociales de la segunda mitad del siglo veinte, la descentralización político-administrativa, la tecnología y hechos recientes como lo pactado en La Habana con las Farc, alteraron radicalmente la dinámica política.  La representatividad se convirtió en pesadilla para los partidos tradicionales, y estos en vez de reformarse para mantenerse relevantes, profundizaron las prácticas clientelistas bajo la presunción de que eran la solución.  El PL pasó de ser un partido de masas que era fácilmente movido por el trapo rojo, a ser un partido capturado por un sanedrín ambicioso que solo busca su propio beneficio.  ¿Y las ideas y los programas?  Bien gracias.  Que muchos saludos.

Veremos que sigue en esta novela, pero es claro que la Colombia actual con sus múltiples actores e intereses políticos no es tierra fecunda para el bipartidismo.  Es normal que partidos tradicionales pierdan relevancia en la medida en que las sociedades maduran democráticamente, incluso algunos desaparecen.

La renunciatón llega un poco tarde, y equivale a pedirle el divorcio al marido muerto.  No hay nada a que renunciar.

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