La desilusión de las víctimas ante el Nuevo Acuerdo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Sofía Gaviria Correa

Sofía Gaviria Correa

Columna: Opinión

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Con el Nuevo Acuerdo, las víctimas de las Farc nos sentimos nuevamente defraudadas. En reunión con la Federación Colombiana de Víctimas de las Farc (Fevcol), que agrupa a más de 58.000 víctimas de todo el país, el presidente Santos reconoció la necesidad de corregir la invisibilización de las víctimas que había en el acuerdo anterior y la prioridad que este nuevo acuerdo tenía que tener, de ubicar a las víctimas de las Farc en el centro. Con la esperanza de que así fuera, las víctimas, después de ese ejercicio constructivo, entregamos al Gobierno un documento de quince páginas explicando nuestros desacuerdos y nuestras propuestas.


Esperando hechos que demostraran la buena fe de las Farc, solicitamos que ese grupo entregara inmediatamente a aquellos que han secuestrado, de muchos de los cuales no tenemos noticias desde hace un decenio o más. Para ello, presentamos una lista de 458 civiles y de más de 250 uniformados, por los cuales las Farc tienen que responder. En dicho documento, incluimos las especificaciones de modo, tiempo y lugar de cada uno de estos secuestros.

No se puede pensar en mayor infamia que negar esos secuestros, mucho menos cuando nuestro listado coincide con el del Comité Internacional de la Cruz Roja, la autoridad más pertinente en esta materia.

Algunos me preguntan por mi insistencia en esta petición, tal vez sin conocer que, al haber habido en mi familia más cercana dos secuestros (uno de ellos con desenlace fatal), comprendo perfectamente la frustración y la impotencia en las que se encuentran las más de 700 familias a las que nos referimos. En consecuencia, mientras haya un secuestrado en este país, estaré acompañando a su familia, para que regrese con vida.

“No puedes separar la paz de la libertad”, decía el activista político afroamericano Malcolm X. Por eso, así como se ha establecido que las negociaciones con el ELN no podrán avanzar mientras no sea entregado, sano y salvo, el doctor Odín Sánchez Montes de Oca, se debería aplicar esta condición en el proceso con las Farc. No podemos seguir hablando de buena voluntad de ese grupo, ni de que este acuerdo pueda ser definitivo, mientras los requisitos humanitarios básicos, especialmente la entrega de secuestrados, de menores reclutados y de mapas de desminado, no se hayan garantizado.

Las víctimas no podemos estar conformes con que, en esta nueva etapa, en la que teníamos puesta tanta esperanza, se vuelvan a soslayar nuestros derechos. Como hemos denunciado en otras columnas, en el 2014, entregamos al doctor Humberto de la Calle un documento serio con 33 propuestas construidas en conjunto por 1.500 víctimas que, a su vez, representaban a más de 42.000, pero nunca recibimos respuesta alguna de la Mesa Negociadora. Y ahora nos encontramos con que tampoco hay respuesta a las quince páginas de propuestas proporcionadas, ponderadas y constructivas con las cuales buscamos contribuir a la consolidación de una verdadera paz.

Nuestro trabajo serio merece una respuesta digna y concreta, más aún si, como pedimos, los negociadores aceptaron llevar nuestras propuestas en bloque a La Habana. El hecho de que en el nuevo acuerdo no hayan sido tenidas en cuenta estas consideraciones no puede más que dejarnos en el mayor desconcierto. Hoy, más que nunca, tenemos que afirmar que en este proceso, definitivamente, las víctimas de las Farc no somos el centro.

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