Calumnia o realidad

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: [email protected]

Se repite la eterna historia de que la región Caribe no es precisamente el mejor ejemplo de ejecución de los proyectos financiados por regalías. Las cifras no mienten y las reveladas por el DNP son contundentes: “144 obras de impacto social, la mayoría financiadas con recursos de regalías” están en una situación crítica. (El Heraldo). Se trata de 58 proyectos de los cuales hay 11 en Córdoba, 4 en Cesar, 14 en Bolívar, 9 en Magdalena, 10 en La Guajira, 9 en Sucre y 1 en Atlántico y su valor alcanza la escandalosa cifra de 1,2 billones. Es decir, el 67% de las obras en riesgo que presenta el país se ubican en los 7 departamentos de esta región. No se salva ni el Atlántico que se supone es el departamento de mostrar en el Caribe colombiano.


En el mejor de los casos estos departamentos representan más o menos el 20% del producto del país, pero tienen 2/3 de los problemas en la construcción de este tipo de obras públicas que responden a las necesidades de grandes sectores de población. Las obras que están paralizadas, mal hechas o peor aún inservibles, no son ni mucho menos obras suntuarias. Por el contrario, responden a las demandas de amplísimos sectores de población marginada o pobre, que siguen siendo una de las proporciones más altas del país. Son puentes, carreteras, caminos vecinales, vivienda, agua potable y saneamiento básico, escuelas, puentes, centros de salud, polideportivos, vías y ciencia, tecnología e innovación. Es decir, lo que requieren urgentemente los amplísimos sectores de pobres de esta región Caribe. (El Heraldo).

No los quieren llamar así, pero la verdad es que algunas ya son y otras están en el proceso de convertirse en tristes elefantes blancos. Es decir, en la peor forma de desperdiciar los escasos recursos fiscales que tiene el país. Pero no faltarán las voces contra el centralismo, el poder de Bogotá, donde todo se decide, y el lloriqueo permanente que siempre se escucha.

Sin embargo, por el bien de una región que se ha ganado la desconfianza de muchos sobre su capacidad de ejecutar bien obras públicas, especialmente las que no benefician a los más ricos, es hora de mirar la viga en el ojo propio en vez de culpar a otros. Vale la pregunta de la famosa frase de una vieja serie de televisión gringa: ¿Quién manda aquí? La respuesta es obvia, pero es necesario repetirla hasta la saciedad. ¿Quién manda en esta maravillosa parte del país? Los politiqueros de siempre que han hecho del ejercicio de la política su negocio más rentable.

Sigan votando por ellos, haciéndole venias y conformándose con limosnas y verán cómo será imposible afirmar que esta situación es una vil calumnia del centralismo. Son los políticos los que asignan los malos contratos que impiden la entrada al siglo XXI a masas de caribeños.

Más Noticias de esta sección

Publicidad