Tú ¿Contagias cosas buenas?

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Escrito por:

Rafael Tapias Guzmán

Rafael Tapias Guzmán

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@rafaeltapiasg

En muchas y distintas partes del mundo, existe un hecho común y aceptado por todos: “el amor que se pone al cocinar se siente en la comida”. Es una situación real, cierta, evidente e innegable.
Así como ocurre en la comida, donde el amor parece ser un condimento fenomenal y sobre natural que tiene un efecto único y extraordinario en los alimentos, lo mismo suele pasar en todas y cada una de las cosas hacemos.

Ante esta aseveración, la lógica simple nos permite establecer que nuestra actitud o estado emocional es una fuerza física, tácita e ineludible que tiene un efecto a favor o en contra sobre cualquier sujeto u objeto. No importa si es un ser vivo o inanimado, nuestra carga emocional destella e impregna un mensaje codificado, en el cual una orden o mandato define el comportamiento de aquello en lo cual recae nuestro estado anímico.

Muchas personas al percatarse de esto, suelen preocuparse, por el hecho de sentirse expuestos a una gran cantidad de personas que pueden llegar a contagiarlos de energías o cargas no deseadas como: rabias, tristezas, dolor, malicia, y todo aquello que pueda ser adverso o desagradable.

Sin embargo, nuestro ser tiene sistemas y mecanismos que contrarrestan estos ataques de emociones negativas externas, es como un sistema inmune de emociones dañinas, la cosa es que así como mantenemos nuestras defensas corporales en óptimas condiciones, gracias a una buena alimentación, vitaminas, ejercicios y más, de la misma forma debemos fortalecer nuestra mente y nuestro espíritu, leyendo, culturizándonos, buscando orientación, educándonos, meditando y nutriéndonos de cosas eleven nuestro potencial humano.

Esto no se trata de un acto místico, mágico o esotérico, es naturaleza pura, es un fenómeno explicado en parte por la teoría de los Campos Mórficos de Rupert Sheldrake, además de estar fundamentado en teorías, conceptos y leyes de la Física, la química y la biología. Son muchos los experimentos que se han realizado sobre esto y cuyos resultados demuestran claramente sus efectos. Un Ejemplo claro es el estudio del Dr. Masaru Emoto, en el cual tomó muestras de agua de diversas partes del mundo y que logró descubrir que el agua expuestas a distintas emociones, adopta una configuración molecular peculiar y se evidencia en la forma que asume el agua al cristalizarse el hielo, las cuales pueden ser simétricamente hermosas o deformes y caóticas según el tipo de emoción o acción con la que se haya abordado la muestra, bien sea colocándoles música agradable o voces con un mensajes de horror. En su libro mensajes del agua, explica detalladamente su experimento, evidenciando como se ve afectado el agua por el sentido o connotación emotiva que se le impregna, concluyendo que el agua es sensible a las emociones y a la conciencia.

En consecuencia, nuestro estado de ánimo puede cambiar el curso de las cosas, darle un giro inesperado a la historia que escribimos día a día. El empleado de una empresa de alimentos con un muy mal humor, encargado de supervisar un punto crítico en la línea de producción de un alimento, puede afectar energéticamente la producción de ese día. Una persona puede contagiar de odio y malestar a todos los usuarios de un vagón del metro de una ciudad. Un profesor puede transferir tristeza de forma indirecta e inconsciente a todos los alumnos a los que debe dar clase durante toda su jornada laboral.

Afortunadamente podemos causar un buen efecto, contagiar amor, alegría, esperanza, ilusión, motivación, entrega y todo lo bueno que podamos dar, los principales autores de esas cargas emocionales positivas somos tú y yo, y todos los que puedan entender esta realidad natural, algo que muchos hemos sentido o provocado sin saber. Lo extraordinario es que si lo hacemos consciente, son muchas las situaciones que se pueden evitar o mejorar.

¿A quién vas a contagiar hoy de cosas buenas?

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