Hogar y violencia

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

Parece increíble que cuando por fin se ve claramente la posibilidad de que el país llegue a un Acuerdo de Paz, la guerra, los conflictos se trasladaron al seno de los hogares colombianos.

 

La violencia intrafamiliar donde las víctimas por lo general son mujeres y niñas, ha llegado a cifras inconcebibles. Desde distintos sectores de la sociedad empiezan a aparecer voces que ven esta situación como realmente alarmante y por consiguiente, reclaman acciones que frenen esta forma en que crecientemente se están resolviendo las diferencias entre los miembros de la familia colombiana.

Los feminicidios, es decir aquellos actos criminales que acaban con la vida de las mujeres, simplemente por serlo; por celos de su pareja como si esta no fuese una sociedad donde la infidelidad de los hombres ha sido parte de nuestra historia. Las matan porque se resisten a ser violadas, como si el tener sexo fuera un deber de las mujeres; las golpean cuando pierden o no pierden su cabeza por cuenta del alcohol o de otras sustancias. En fin, cuando las matan o agreden por ser mujeres.

Pero las niñas y niños cada vez más son víctimas de sus padrastros que les cobran de nuevo por existir; son innumerables los casos de menores que fallecen después de una paliza por parte de personas que residen en sus hogares y esto sucede muchas veces ante madres incapaces de frenar estos abusos. Mientras en otras sociedades-donde también suceden esos crímenes- por lo menos para el grueso de su población existe un mínimo respeto por sus menores de edad.

La violencia entre vecinos es cada día más común; entre padres de alumnos con malos resultados en sus estudios que agreden y amenazan a los profesores como si la culpa del fracaso de sus hijos fuera de quienes tienen la tarea de enseñarles. Y ahora resulta que los ciudadanos les pegan a los policías cuando les llaman la atención. Es decir, la autoridad se perdió en mil formas en esta nuestra sociedad que aspira a volverse tolerante, solidaria, justa. Es decir un nuevo país.

Por ello resulta fundamental entender a aquellos que piden paz entre nosotros. Tienen toda la razón. Nada pasará realmente en Colombia si se firman acuerdos con la guerrilla y nosotros seguimos dedicados a agredirnos y matarnos entre nosotros; si se continúan irrespetando a las mujeres, a las niñas, a los niños. Si las parejas siguen sometidas por los machos que no entienden nada distinto a la dominación; si no se respetan las diferencias y se siguen violentando a los miembros de comunidades LGBTI, negras, indígenas. Si la autoridad solo se entiende para lo que no tienen ningún tipo de poder porque aquellos que creen que sí lo tienen, la desconocen. 

Es hora entonces de reconocer que todos los problemas nacionales no se resuelven en la Habana sino que muchos están en el alma de nosotros que nos acostumbramos, querámoslo o no, a vivir en medio de la violencia, de la confrontación, de la agresión física y mental. Empecemos el 2016 con el propósito de cambiar nuestra forma de relacionarnos entre si. Solo de esa manera se justificará le costo que implica firmar acuerdos con quienes han sido nuestros enemigos. Acabemos con la violencia dentro del hogar, en nuestras comunidades entre nuestros conciudadanos. Y por fin, empecemos respetar las normas, la autoridad.

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