La calidad humana indispensable

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Escrito por:

Ramón Palacio Better

Ramón Palacio Better

Columna: Desde el Centro Azul

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El mundo sigue girando todos los días y los avances tecnológicos son indiscutibles, siempre sé está inventando algo nuevo y generalmente resulta muy útil, de esto existen innumerables ejemplos en todas partes. La calidad de los productos de hoy, son evidentemente muy buenas, como también la excelencia y calidad de los innovadores procesos de la modernidad; también es incomparable la calidad de los servicios que ofrecen las avanzadas tecnologías, la indudable calidad de dichos sistemas son las positivas señas de nuestro desarrollo. Sin embargo, a pesar de todo esto, son muy pocos en el mundo que hablan de la calidad humana indispensable, de la calidad de vida y desde luego con las insoportables consecuencias que han llevado a las civilizaciones modernas sin ella, como quien dice, vivimos en una apariencia total, pues no existen serios fundamentos para demostrar que estamos preocupados por la calidad humana indispensable y por la calidad de nuestras vidas en sociedad. Hablar de la calidad humana indispensable de la cual disponemos, es igual que cuidar nuestros vínculos personales y nuestras relaciones con los demás semejantes. Por ello creo que es necesario que meditemos seriamente al respecto y podamos reflexionar ante esta total falta de calidad humana indispensable y también de vida. Debemos disponer de los necesarios esfuerzos para rehacer urgentemente mejores y sinceros vínculos como seres humanos. De nada nos sirve trabajar de sol a sol y en lugares donde no tenemos amigos, y después llegar cansados a nuestros modernos y ocupados hogares en donde hoy nadie se interesa en saber cómo nos fue durante el día, pues no hay tiempo para ello, todo el mundo en casa anda atareado en uno y otro quehacer. ¿Para qué trabajar tanto o demasiado si al final estamos solos? Nadie te lo reconoce, es como leer un libro y no tener a alguien con quien comentarlo o discutirlo; es doloroso sentirse preocupado por algo y no contar con una persona a quien le puedas contar con el corazón abierto tus convicciones, tus tristezas y también tus alegrías, como también tus proyectos. De nada vale estar en un campo deportivo con ganas de jugar, si no tenemos con quien jugar o con quien disfrutar de esos momentos. ¿Para qué tener lo que no se puede compartir? Ni las cosas ni el dinero poseen un valor intrínseco. El valor de lo material está en su aplicación, en el servicio a alguien más, o a la convivencia con alguien más. Es indudable que la belleza de poder tener, está en compartir. La magia de luchar y luchar por una prosperidad económica, siempre ha estribado, ni más ni menos, en poder ver sonreír a alguien a quien le damos el privilegio de disfrutar con nosotros lo que ganamos. Creo que estos verdaderos valores hacen parte de nuestra naturaleza humana, dar, convivir, amar, servir, ayudar, hagámoslo. Generalmente pasamos el tiempo ocupados trabajando y una mayoría de ocasiones asustados de lo que tal vez no podamos hacer y de lo que piense la gente. Demostramos sin lugar a dudas con estas débiles manifestaciones, que el miedo se interponga en nuestros sueños o ideales de lo que efectivamente debemos hacer. Muchas veces, quizás la mayoría, decimos no, cuando realmente debemos decir sí. También siempre murmuramos cuando en realidad lo que queremos es gritar. Y generalmente le gritamos a quien no teníamos que hacerlo y ¿Por qué? Solamente me atrevo a decir, que después de todo andamos por los caminos de la vida una sola vez y por ello creo que no hay tiempo para tener miedo. Tenemos que intentar y arriesgar aquello que hacemos o nos proponemos hacer, de una vez por todas. Debemos en esta corta carrera participar, escribiendo, haciendo aquella carta o aquel artículo, enfrentándonos como ganadores en las cosas cotidianas. La diversión, el baile, la charla y ser constantes en negar siempre lo que no nos gusta, pero con los apropiados y justos fundamentos, que sean evidentes. También debemos visitar los pueblos que no conozcamos, en la medida de nuestras posibilidades. Saludemos a quienes deben saludarse, no nos quedemos ni nos contengamos con ese abrazo que debemos entregar por agradecimiento o justicia. No escondamos la risa, el tiempo no regresa más nunca, no tenemos nada que perder y sí mucho de lo que debemos ganar en esta lucha. Tenemos que procurar mejorar la calidad humana por encima de todo, la calidad de nuestras vidas, aun hoy están llenas de contrastes insensibles, como injustos, pero debemos crear innumerables espacios, con buenas posibilidades para mejorar la situación. No permitamos que nuestras gentes sigan viviendo en un nivel de vida muy bajo, y son muchos.

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