“Yo nací con el arte”

Zarita Abelló recibió a EL INFORMADOR en su oficina, en el Museo de Arte Bolivariano – Quinta de San Pedro Alejandrino.

Especiales 60 años
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Afamada acuarelista, pero sobre todo una reconocida gestora cultural, así es la mujer que vio nacer y crecer uno de los museos más importantes del país.

Para Zarita Abelló, artista y directora del Museo Bolivariano de arte Contemporáneo, no existe una ciudad más completa que Santa Marta, ni un museo más hermoso que el que dirige desde hace 32 años en la Quinta de San Pedro Alejandrino.

Confiesa que su trabajo en el museo, al que ha logrado posicionar nacional e internacionalmente, es una parte fundamental de su vida. Allí conjuga su pasión por el arte, su vocación por la gestión cultural y su amor por la historia.
Abelló asegura que nació con el arte. De pequeña pedía colores para pintar. En su adolescencia disfrutaba crear tarjetas de Navidad junto a sus amigas de bachillerato.

Sus padres, José Rafael Abello Fernández, samario, y Sara Helena Silva, pivijayera, no pasaron por alto las habilidades de ‘Zarita’, por lo que la apoyaron para que ingresara a la facultad de Bellas Artes de la Universidad del Tolima, de donde egresó con el título de licenciada en Artes Plásticas y dibujo arquitectónico.

En su etapa universitaria, Abelló conoció al tolimense Luis Antonio Bonilla, un ingeniero agrónomo, con quien se casó y tuvo sus dos hijos: Luis Eduardo y Juan Miguel.

Recuerda que su primera muestra artística, en parte, la logró gracias a su hermana mayor, Magaly. “Ella vio unos cuadros que yo había pintado para mi casa y me dijo: ‘Zarita, en Comfamiliar –Caja de Compensación Familiar del Atlántico-, están haciendo una exposición colectiva, te voy proponer’. Ella me propuso y en Barranquilla fue mi primera exposición. Luego de eso empezaron a invitarme a diferentes ciudades”.

Ávida de promover el arte, la acuarelista empezó un movimiento con personajes locales, entre ellos Josefina Díaz Granados, reconocida artista samaria de amplísima experiencia internacional; Álvaro Corvacho, pintor samario creador del escudo del Magdalena; y José Domingo De Andréis, fotógrafo; quienes empezaron a proyectar el talento que había en la ciudad con exposiciones.

En el año 1986 recibió una llamada del afamado artista colombo-peruano Armando Villegas para proponerle dirigir un nuevo proyecto: el naciente Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo en la Quinta de San Pedro Alejandrino.
Como artista, su gran oportunidad surgió tras una reunión con Noemí Sanín, cuando esta era canciller de la República. En ese encuentro la entonces ministra de Relaciones Exteriores le habló sobre la posibilidad de proponerla para una exposición en el Museo de la Acuarela en México.

“En el año 1994, el presidente del Museo de la Acuarela de México, Alfredo Guati Rojo, me invitó a hacer mi primera exposición individual en el exterior. Eso me marcó y me dio la oportunidad de incluir a otros artistas colombianos; gracias a eso se le abrieron las puertas al museo y los artistas de aquí”.



EL INFORMADOR (EI): ¿Por qué decidió ser artista?

Zarita Abello (ZA): “Yo nací con el arte. Desde chiquita me gustaba el arte, las cosas bonitas… Yo le pedía al Niño Dios dibujos para colorear. Después comprendí que eso yo lo había heredado”.

EI: ¿De quién lo heredó?

ZA: “De mi mamá, quien pintaba muy bien en el colegio. Mi mamá, Sara Helena Silva de Abello, era de Pivijay, y la internaron en un colegio donde había unas monjas francesas. Las monjas, cuando se dieron cuenta de sus habilidades, la ponían a que pintara los adornos para los altares, como las uvas y las espigas, y también la enseñaron a pintar sobre vidrio. Cuando ella me vio la disposición, me dijo: ‘Zarita, veo que has heredado algo mío’ y se sintió realizada. Yo también pinto porcelana, cuando le pinté el primer plato de porcelana se sintió muy emocionada”.

EI: ¿Por qué siempre pinta naturaleza?

ZA: “Siempre pinto naturaleza porque es lo que quiero pintar, es lo que me inspira. El artista debe ser autentico, no dibujar lo que está de moda, ni lo que le dicen, sino ser honesto consigo mismo. A mí la naturaleza me ha llamado la atención porque es una fuente inagotable de inspiración, tal vez porque yo siempre estuve muy en contacto con la naturaleza. En la época en la que yo crecí había mucho verde, lotes sin construir, árboles centenarios por todas partes. Cuando voy a cualquier parte del mundo observo la naturaleza y siempre encuentro cosas lindas”.

EI: ¿Ha experimentado con otras cosas?

ZA: “He experimentado figuras humanas, rostros… Es una ocasión hice unos retratos, pero me siento muy bien con la naturaleza”.

EI: Háblenos de sus próximas exposiciones…

ZA: “En abril participé en una exposición colectiva en Florencia, Italia, ahí me salió una propuesta para exponer en Mónaco en septiembre. También me llegó una invitación por parte de las Asociaciones de Acuarela para liderar un grupo de cinco artistas en una exposición en abril en Fabriano, Italia; vamos Hubert Guardiola, samario; Alice Salazar, bogotana; Roberto Angulo, barranquillero; Luis Fernando Echeverri, manizaleño; y yo. Fabriano es una población de 25 mil habitantes, completamente medieval, y es donde hacen el famoso papel fabriano, uno de los mejores para pintar acuarela”.


EI: ¿Cuál fue su primera obra?

ZA: “Un ramo de margaritas. Estaba recién casada, con los ‘pelaos’ pequeños y no tenía muchos cuadros, así que dije: ‘voy a pintar algo para mi casa’. Hice unas margaritas que me quedaron bien, entonces llegó mi hermana Magaly y me dijo: ‘Zara Elena, ¿por qué no me haces unos para mi casa?’. Y así empecé”.

EI: Al comparar esa obra con las más recientes, ¿cree que ha cambiado algo?

ZA: “No se puede decir que las margaritas están menos bien pintadas, pero se ve mucha más seguridad en las últimas obras, muchos más elementos, mucho más profesionalismo”.

EI: ¿En algún momento pensó que llegaría a vivir del arte?

ZA: “No, los artistas vivimos en otro mundo, somos malos para vender. En mi caso el que vendía era Luis Antonio, mi esposo, que era el encargado de eso. Antes Colombia estaba muy bien, cuando uno exponía vendía todas las obras; ahora si uno vende cuatro obras es mucho”.

EI: ¿Cómo llegó a la dirección del Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo?

ZA: “Un día Armando Villegas, un gran pintor colombo-peruano que alcanzó una fama fabulosa por sus obras hiperrealistas, me dijo que iban a hacer en Santa Marta un museo bolivariano y yo pensé que sería con cosas referentes a Simón Bolívar. Él supo de una ordenanza de 1927 en la que la Gobernación del Magdalena donaba a los países bolivarianos unas parcelas de tierra en la Quinta de San Pedro Alejandrino para que hicieran algo en conjunto, esto en el marco del centenario de la muerte del Libertador que se conmemoraba en 1930, pero a eso nadie le había prestado atención. En ese momento Villegas era un gran artista y le dijo al entonces presidente de la República, Belisario Betancur, su idea de hacer un gran museo en Santa Marta para unir a los países bolivarianos a través del arte. Así surgió el proyecto, pero también la duda sobre quién podía dirigir el museo. Villegas empezó a preguntar nombres y le dieron el mío, porque para entonces yo organizaba exposiciones en la Cámara de Comercio y otros sitios, por lo que la gente me asociaba con el arte. Él me llamó y en principio dije que no, pero finalmente acepté”.

EI: ¿Cuál ha sido el mayor reto durante estos 32 años al frente del museo?

ZA: “Al principio de todo esto Armando Villegas me dijo: ‘Zarita, le dije al presidente de Betancur que nombraría a una persona que supiera de arte, porque aquí nadie sabe sobre museos, para la dirección te vas preparando sobre la marcha’. Así fue y hoy tengo tres posgrados. El primer reto fue proyectar nacionalmente al museo, porque había gente que decía que no iba a pasar de ser un museo de provincia, por eso empecé a organizar exposiciones para que se supiera que el museo existía. Lo más difícil fue lograr que la gente creyera en esto”.

EI: Háblenos de la colección del Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo…

ZA: “El presidente Belisario Betancur llamó a los mejores artistas de la época de los países bolivarianos para que aportaran obras y ellos fueron muy generosos. Nuestra colección no es tan grande, pero es fabulosa, tenemos obras de Carlos Cruz Diez –artista plástico venezolano-, de colombianos importantes como Alejandro Obregón y el mismo Armando Villegas regaló obras. Luego otros artista fueron donando y tenemos alrededor de unas 300 obras en nuestra colección”.

EI: ¿Qué hace especial al museo bolivariano?

ZA: “Este museo es bello en todo sentido gracias a su entorno. Acá hay arte, historia y ecología. Este es un centro cultural, está el museo de historia de Simón Bolívar, el museo de arte contemporáneo que empezó con los países bolivarianos pero ya es del mundo entero y está el jardín botánico”.



EI: ¿De todos los artistas que han pasado por el museo, cuál considera que haya sido un verdadero reto?

ZA: “Inicialmente el presidente Belisario Betancur se encargó de contactar a los artistas y solicitar las obras, pero hubo algunos a quienes no pudo contactar, como Omar Rayo, Luis Caballero y Eduardo Ramírez Villamizar, tres grandes artistas colombianos, entonces yo estaba a la caza de eso. A Ramírez Villamizar logré convencerlo, lo invité a una exposición y dejó una obra. Cuando los artistas ya han fallecido es muy difícil, por ejemplo, las obras de Luis Caballero le quedaron a una hermana, quien francamente nunca me prestó atención, pero luego un día vino a pedirme que hiciera una exposición a propósito de un aniversario de su muerte; yo le dije que sí, le hicimos una exposición y nos dejó un obra. Con Rayo hice lo mismo, lo invité a exponer y nos dejó una obra. Yo nunca les pido a los artistas que dejen obras, los invito a exponer y si ellos quieren dejan una”.

EI: ¿Cuál ha sido su imposible?

ZA: “Tengo unos faltantes, pero ya perdí las esperanzas. Fernando Botero, un artista a quien admiro mucho, pero es muy difícil. Yo le mandé una carta por intermedio de Belisario Betancur, pero no contestó. A Medellín, como es lógico por ser su ciudad, le dio muchas cosas; también le regaló una colección buenísima a la Luis Ángel Arango, lo cual es loable y admirable; a Cartagena le regaló una escultura, pero al Museo de Arte Moderno de esa ciudad no le regaló nada. Yolanda Pupo –directora del Museo de Arte Contemporáneo de Cartagena- y yo decidimos no volver a insistir. Y Débora Arango, la artista de Medellín que fue tan polifacética y controversial en sus tiempos por su obra, a quien expulsaron de la Iglesia por pintar desnudos a principios del siglo XX. Ella murió y nunca se casó. Yo le escribí a una persona, hice una exposición aquí muy buena, insinué que nos gustaría una obra de ella, pero nunca nos la dieron”.

EI: Generalmente se le identifica como artista e historiadora. ¿En qué momento la atrapó la historia?

ZA: “La historia me atrapó aquí en la quinta. Uno en la escuela apenas se estudiaba dos renglones de cada prócer, de Bolívar, de Sucre, lo que iba a salir en el examen. Yo no sabía nada de Bolívar, simplemente que había nacido en Caracas y muerto en Santa Marta; pero llegué aquí y empecé a interesarme en la vida del Libertador, comencé a leer y leer, y me pareció tan atrayente que empecé a estudiar otras cosas, ahora me gusta la historia, leo mucho sobre la historia de Santa Marta. No tengo ningún título de historiadora, pero siempre estoy con los historiadores. Aquí me ayudó mucho José Rafael Dávila; Arturo Bermúdez, a quien siempre le consulto; ahora Jorge Elías Caro, que me parece fuera de serie; y Joaquín Viloria”.



EI: Usted heredó el arte de su madre, ¿sus hijos o nietos lo heredaron de usted?

ZA: “De mis hijos, el segundo se enfocó en la publicidad y la fotografía, que también es un arte; ha hecho exposiciones y ha resultado muy bueno. El mayor es administrador y se enfoca en eso. A mis cuatro nietos les gusta dibujar, vamos a ver cómo se van enrumbando”.

EI: ¿Para usted qué tiene Santa Marta que no tienen otras ciudades?

ZA: “Santa Marta lo tiene todo, es una ciudad bella, con un centro hermoso; con museos importantes, como el San Juan Nepomuceno y este, o el museo Tayrona, con una colección pequeña pero hermosa; con unas playas espectaculares, el mejor clima de Colombia y gente descomplicada y amable”.

EI: ¿Se imagina haciendo otra cosa que no sea dirigir el museo?

ZA: “Cuando me retire del museo, que no sé cuándo será porque siento que todavía puedo aportar mucho y la junta directiva opina lo mismo, me dedicaré a mi pintura y mis nietos. Para mí el museo es muy importante, sobre todo desde que murió mi esposo después de 47 años de casados, el museo, mi pintura y nietos han sido mi terapia”.

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