Señor, ¿tiene un fósforo?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Niño, joven, adulto y anciano es una de las clasificaciones de rangos de edades más conocidas entre varias usadas por normas legales y disciplinas científicas. Algunas son bastante frondosas, pues admiten entre dichos rangos diversos "pre" y "pos" al igual que otros términos intermedios que las hacen interminables porque casi que apenas duran un año. Yo prefiero la más simple de niño, adolescente, adulto, viejo y, por qué no, muerto.

Aún recuerdo uno de los grandes traumas en mi vida ocurrido hace muchos años, cuando siendo o creyéndome joven aún entre las verdes ramas, una bonita sardina me preguntó, "¿señor, tiene un fósforo?" (Nótese que se usaban los fósforos…). Fue la primera vez que me dijeron señor, y aunque cortésmente me hice el bobo o el señor y le encendí el cigarrillo a la sardina con un fósforo El Rey, desde ese momento inicié la pensadera sobre mi autoubicación etaria.

En fin, ya corrida mucha agua bajo muchos puentes en mi vida empiezo a analizar cuándo seré -o si ya soy- adulto o adulto mayor o viejo. Sin embargo, llegué a una conclusión que les juro no es una mentira que me estoy metiendo ni es producto de libros de autoayuda que nunca leo: no soy viejo y creo que nunca lo seré por la sencilla razón de que no me siento tal aunque quizá no sepa qué es sentirse así, y eso sí que es posible decirlo cuándo físicamente sé es adulto y viejo en esta vida.

Sé que mis 55 años son relativos: para algunos ya estoy acabando y para otros me falta mucho por vivir. Ni lo uno ni lo otro ni del mismo modo ni en sentido contrario. He buscado en mis instrucciones de vida cuándo debo ser viejo y por ninguna parte aparece ese acápite, empezando porque tampoco aparecen las benditas instrucciones (¿será que olvidé dónde las puse?).

Es que definitivamente no es carreta eso de que la edad va en el espíritu de cada uno; no es un consuelo ni tampoco cosas de viejo, es la verdad y yo por lo menos así lo siento. Eso sí: hay que tener cuidado con no dar lora en el vestir, con la forma de ser o con columnas como esta, y aceptar con valentía o mejor con orgullo los años que se tienen, pero eso también lo da el espíritu. Me explico: quien se siente joven no da lora si se pone determinadas prendas o actúa de cierta manera. Esa autenticidad se nota a leguas; además, la comodidad juega bastante en eso.

Ahora, sea uno lo que sea y siéntase como se sienta, la adultez o vejez no tiene por qué ser vergonzante pese a que algunos intenten insultar con "este viejo hachepé" haciendo énfasis más en lo primero que en lo segundo. Así que eso de viejito cacreco, prostático, catano, jurásico o cucho pueden ser improperios para quien los exprese, pero no serlo para quien los recibe como dicen ciertas frases de autoayuda acerca de las ofensas. Yo sí recuerdo muchos compañeros de universidad y aun de colegio que parecían adultos y viejos desde lampiños, como también conozco viejitos que parecen jóvenes hasta canosos, ¿si o qué?

Viejo querido, o simplemente viejo, es cariñoso, hasta el punto de que muchos usan dicha expresión sin importar la edad que tiene su interlocutor. La que sí es grave es la de "anciano", muy utilizada por la prensa. Recuerdo que empezando la década de sus sesenta años, mi padre decía que su gran temor en caso de ser víctima de un delito no era tanto sufrir el delito sino que la prensa diera la noticia: "secuestrado o asesinado anciano".

Por último siempre me queda una bella frase que escuché en una película: "La juventud es un estado que solo se adquiere con los años". Sin duda, cuando sé es joven no se tiene esa real conciencia de juventud, al menos en todo su esplendor. Esa comprensión se adquiere cuando uno entiende de verdad ese divino tesoro, capacidad que a muchos solo nos llega con los años porque la sentimos. Y para tenerla hay que sentirse joven. ¿Entendieron?, o serán cosas de viejo…

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