Vientos de esperanza para Santa Marta

Columnas de Opinión
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Escrito por:

César Serpa Vega

César Serpa Vega

Columna: Opinión

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Santa Marta es una ciudad que históricamente ha sido muy golpeada por la desidia, la indolencia y la falta de pertenencia por parte de sus líderes y ciudadanos; ésta triste situación muchas veces nos lleva al extremo de perder casi por completo, esa esperanza que supuestamente "nunca se pierde".

Los últimos deprimentes acontecimientos de contaminación ambiental que afectaron gran parte de nuestro territorio, reflejaron la mala fe con que actúan algunas multinacionales carboneras, lo cual incrementó el sentimiento de impotencia y desgano colectivo, ya que se confirmó una vez más que nuestros líderes, autoridades ambientales y ciudadanía en general sigue actuando de la forma pasiva y tardía que nos caracteriza.

El tocar fondo increíblemente tiene su lado bueno, ya que nos permite reaccionar de forma natural, buscando soluciones que en la mayoría de los casos son más creativas que si se dieran en situaciones normales y comunes. La catástrofe ambiental (que aún sigue sin corregirse) permitió reactivar el debate sobre el fortalecimiento del turismo como vocación natural de la ciudad, el cual debería ser priorizado por encima de otras actividades económicas válidas, anteponiendo su conveniencia y positivos impactos económicos, ambientales y sociales.

La llegada de noticias positivas es la mejor forma de contrarrestar la desesperanza que reina en estos tiempos. La recuperación de la propiedad del estadio de fútbol por parte del Distrito, es un acontecimiento que va a desencadenar más hechos beneficiosos para la ciudad, ya que ese precedente permitirá retomar y legalizar otros predios de igual importancia para todos los samarios, como es el caso del emblemático y necesario Polideportivo, la Villa Olímpica y su complejo deportivo (piscina olímpica, coliseo cubierto, estadio de béisbol, etc.); todo lo anterior seguramente propiciará la recuperación de otras propiedades distritales estratégicas, que podrán ser usadas para proyectos de gran impacto social. No podemos olvidar que el deporte, la cultura y la recreación contribuyen enormemente en la recuperación de la esperanza colectiva, mejoran la calidad de vida, la salud, el comportamiento ciudadano y la seguridad de todos los samarios, entre otros beneficios.

El lote en donde está ubicado el llamado Rumbódromo es otro ejemplo de cómo esta dinámica legalizadora podría traer orden, urbanismo, modernidad y progreso a la ciudad. No es descabellado pensar en un uso productivo para dicho terreno, como por ejemplo una sede para las dependencias de la administración distrital -tal y como se propuso en el plan de desarrollo-, ó para la construcción de un hermoso parque público central, todas éstas serían obras que devolverían la esperanza y el optimismo perdido tanto a los samarios residentes, como a los visitantes.

Es indiscutible que la ciudad está viviendo un ambiente de grandes proyectos y megaobras -que ojalá dure-, como la remodelación del estadio y del aeropuerto internacional, lo cual debería aprovecharse para revivir y agilizar la puesta en marcha del antiguo proyecto de la zona franca turística de Pozos Colorados, ubicada en un excelente corredor muy propicio para el desarrollo hotelero, comercial y habitacional. Dicho proyecto necesita que por parte del gobierno nacional se aclare la destinación de esos terrenos y la reglamentación por medio de un POT (Plan de Ordenamiento Territorial) actualizado.

Finalmente no podemos olvidar que el sistema de transporte integrado también es fundamental para modernizar y urbanizar la ciudad, por lo que nuestras autoridades administrativas locales (Alcaldía y Concejo), de la mano del Gobierno Nacional, deberían retomar el tema y no suspenderlo hasta que se concrete este importante proyecto para el desarrollo total de la ciudad, ya que se mejoraría la malla vial, la movilidad y los espacios públicos, sin olvidar el incremento de la cultura ciudadana y el sentido de pertenencia. Si el proceso de implementación se torna largo en términos de tiempo, se podría exigir por lo pronto a las empresas de transporte público urbano, la actualización del parque automotor, que ya debería haber reemplazado hace tiempo a las llamadas buseticas incómodas y peligrosas.

Podemos concluir entonces que son varias las razones por las cuales a pesar de los múltiples e infaltables problemas, podemos sentir vientos de esperanza en Santa Marta, porque hemos vuelto a soñar y estructurar grandes obras que desencadenarán procesos y dinámicas positivas que fortalecerán nuestro débil tejido social y aumentarán seguramente el sentido de pertenencia que es lo que permite que cualquier colectivo social alcance metas que se creían inalcanzables. Medellín pasó de ser una de las ciudades más violentas del mundo, a ser declarada la ciudad más innovadora según un concurso internacional; por sus obras alternativas, diferentes y de gran impacto social que recuperaron la credibilidad y la esperanza colectiva. Esos son los ejemplos de superación que nuestra dirigencia debe mirar de cerca, porque si hay esperanza, todo lo que nos propongamos será posible.

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