¿Qué llevan en esos ataúdes grises?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

¿Qué llevan ahí, señora? -usted, con la bandera- ¿Sueños, esperanzas, tiempo para vivir? ¿Qué llevan ahí, en esos dos pequeños cajones grises?¿Llevan la alegría, señora, y también llevan el dolor? ¿Llevan acaso risas frescas y ternura? ¿Qué llevan ahí? ¿Acaso días sin usar, años que nunca fueron?

¿Qué hay en los cajones que cargan en sus hombros esos jóvenes? ¿Llevan a enterrar el sosiego o quizás la paz? ¿Qué llevan ahí que va tanta gente llorando, en especial esos niños de blanco? ¿Llevan a Colombia? ¿Llevan los despojos de lo que fuimos o quizás la arcilla que no quisimos cocer o la harina del pan que no supimos hornear?

¿Llevan jirones de país? ¿Llevan restos de planes, de programas, de oposición, de marchas, de campañas, de investigaciones exhaustivas, de operaciones oriones, de leyes, de medidas especiales, de oenegés, de cuerpos élites, de poemas, de palomas, de canciones de reguetón?

¿Acaso llevan frustraciones o laminitas nunca pegadas del álbum o dos fichas de un rompecabezas que nunca se armó? ¿Llevan algodón de azúcar, mango biche con sal, una muñeca sin brazos, un camioncito sin una llanta, un aro, una pelota vieja, ¡iba a venir el circo!, un caballo de palo, una pistola de juguete, una pistola de verdad, un changón o un pesado fusil?

¿Y adónde los llevan, señora?¿Adónde llevan todos los ataúdes grises, blancos y cremas en Colombia? ¿A las estadísticas frías para mostrar menos o más muertos que ayer? ¿Por qué los levantan al cielo? ¿Quizá para que sean más notorias nuestra indiferencia, nuestra desunión, nuestra incapacidad? ¡Yo sé, sí!, los alzan para enarbolar ese desconsuelo, esa derrota, esa sensación de fracaso de país…

Sí, lo sé, llevan dos niños que hace poco cruzaron la proverbial "frontera invisible", que también cruzaron hace solo once años la frontera entre la nada y la vida, llevan dos niños que no vieron la frontera porque quizá ni sabían de fronteras de nada, llevan dos niños para quienes el problema no era que las fronteras fueran invisibles sino que fueran fronteras, llevan dos niños que pasaron prematuramente la frontera entre la vida y la muerte.

Y los demás niños que van por ahí, en cualquier momento cruzarán esas fronteras de aire y nadie se dará cuenta porque esos niños son los invisibles; ¡qué paradoja!, esos niños solo son visibles cuando los alzan en esos ataúdes que parecen de juguete o hechos para una piñata cuando relumbran al sol bajo ese hermoso cielo de mi Medellín o de cualquier lugar de Colombia pues ojalá fuera solo bajo el cielo de Medellín, porque no es una ceguera de un alcalde o de ninguno de los que han pasado sino una marca Colombia.

En ese par de ataúdes relucientes de fiesta mortal llevan nuestra histórica incapacidad, nuestra pobreza de bienes y también de espíritu y de inclusión y de equidad y de solidaridad, porque esa solidaridad que se ve en esa foto, que se manifestó en noticieros y en toda la prensa nacional no es suficiente porque la que sirve es la solidaridad desde antes de que maten a los niños para que no los maten. Suena como a trabalenguas o a juego de palabras pero no encuentro otra manera de decirlo, o quizá sea la mejor manera porque se trata precisamente de niños que juegan, y en este caso de dos niños que estaban jugando y que ya no jugarán más a nada.

¿Por qué esa procesión, señora? ¿Qué llevan ahí? ¿Por qué esas miradas lejanas? ¿En qué piensan durante ese camino de silencio? ¿Piensan en todo lo que va dentro de esos dos ataúdes claros, o quizás en cómo protegerse para no ocupar mañana un ataúd similar o más grande de color café o negro? ¿O miran de soslayo la nomenclatura de las calles en las esquinas para no cruzar de pronto otra frontera?

"Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada"…

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