"El hombre es el lobo del hombre"

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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En la historia del pensamiento hay hombres interesantes por su sano y marcado optimismo, como también los hay célebres por su pesimismo desolador. Dentro de estos últimos se encuentra Thomas Hobbes, el inglés llamado "el filósofo del pesimismo" por no encontrarle al hombre ninguna salida de ese estado de perversidad en que lo situó.

Frasees lapidarias como "el hombre es el lobo del hombre" y "guerra de todos contra todos", le dieron y aun le dan la vuelta al mundo de la filosofía, despertando encendidas polémicas alrededor de ellas.

La verdad es que analizando fríamente cada una de las frases de Hobbes, encontramos a varios países del globo que, por sus procedimientos, se les puede aplicar las sentencias en cuestión, entre ellos, con inmenso dolor tenemos que confesarlo, se encuentra Colombia. La tierra de los miles contrastes donde, de la misma forma que un puñado de descamisados y sin armas liderados por un soñador, atraviesan la Cordillera de los Andes en busca de nuestra libertad, asimismo ese hombre artífice de esa libertad, más tarde es traicionado, vilipendiado, perseguido y acosado como fiera salvaje hasta obligarlo a morir solitario en la bahía más hermosa de América.

Desde entonces, Colombia no ha cambiado nada. Es la misma, su cambio es meramente superficial, nos vestimos, hablamos, saludamos o caminamos diferente, pero por dentro somos los mismos, "sepulcros blanqueados" dispuestos siempre a mentir, traicionar, odiar, perjurar, robar y hasta matar, si ello beneficia nuestros propios intereses.

Nuestras cárceles "modelos", picotas y demás mazmorras humanas para castigar al hombre, hoy están repletas de gentes inocentes, traicionadas por sus mejores amigos, los mismos que compartieron con ellos animadas fiestas, tomatas y francachelas, cuando estuvieron en "las buenas", sus esposas o esposos amantísimos, leales colaboradores o empleados incondicionales, quienes en la hora de ser firmes y fieles en la amistad, los sinceros afectos o el amor jurado hasta la eternidad, pusieron "pies en polvorosa" dejando a sus espaldas el eco cobarde de aquel grito: ¡no lo conozco, jamás lo he visto, jamás lo he vistooooo!

No es esta nota una apología del delito. Así como hay en nuestras cárceles gentes inocentes olvidadas de la justicia salvadora, del generoso litigio de un abogado íntegro, ahogadas en sus llantos desesperanzados, condenadas a injustas e inmerecidas condenas, asimismo hay genocidas, asesinos confesos, uxoricidas, matricidas, infanticidas y demás inmersos en los mas execrables delitos enmarcados en el Código Penal, con delicadas consideraciones, atenciones palaciegas, prerrogativas extraordinarias y sutiles condenas que muy pronto los ungirán con la anhelada libertad.

Es el mundo hobbiano, el mundo donde el hombre le importa un bledo destrozar a dentelladas como un lobo feroz a sus semejantes, a su padre, hijo, hermano, madreo esposa para apartarle de su camino y evitarle que haga estorbo en la consecución de sus aviesos propósitos.

La "guerra de todos contra todos", donde el victorioso es el más fuerte, el más astuto, el más hábil en cambiarse de disfraz para el carnaval de turno y poder representar la más indigna de las comedias, el más abyecto de los dramas, la más dolorosa e indignante de las tragedias. Aquí todas las miserias y abyecciones tienen su cabida. Aquí hay espacio para todo, menos para la relevante actuación del hombre, para la reafirmación de ese espíritu elevado de que está dotado y que un día al posar sus pies sobre tierra colombiana escapo pavorido y lo abandono para que se defendiera, si era capaz, de las dentelladas del feroz lobo de Hobbes.

¿Será que Hobbes nos ha planteado un problema que no tiene solución? ¿No será el hombre es capaz de superar su siniestro "homo lupus hominis"? ¡Que Satán se haga el sordo!

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