El aborto y la píldora

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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La misma grafía de la palabra aborto, horroriza, repugna, lastima los oídos y arruga el corazón.

Ahora, si la asociamos con la muerte intrauterina de niños, entonces sí que se nos convierte la vida en un infierno.

Y ¿qué se puede esperar de un país que, desde las más altas esferas de la justicia se aboga por esta práctica satánica? Nada bueno, solo problemas, conflictos y sinsabores de todos los órdenes. Ignorantes de que no existe la ley de casualidad sino la ley de causa y efecto, la que opera en nuestras vidas como un perfecto tribunal de justicia, inundan al país o donde se encuentren de retaliaciones siniestras con sus acciones oprobiosas.

Legalizar el aborto en Colombia, es tanto como armar a médicos y a mujeres sin entrañas, de una guadaña para que cieguen la vida de un niño antes de nacer. La razón no importa, puede ser para tapar una vergüenza familiar, para componer un descuido que le estorba en su vida disoluta, para colaborar con la planeación demográfica en su ya numerosa familia o, en última instancia, para no traer al mundo un adefesio.

En ninguno de los casos referidos hay una justificación válida para el aborto. Segar la vida de un niño antes de nacer, es el acto más abominable que pueda registrarse en la historia de la humanidad. No es atentar, sino que ya ha consumado contra Dios, contra la naturaleza y contra la humanidad el más horrendo de todos los pecados. Quienes así piensan y actúan son seres "humanoides" fuera del plan de la creación, humanoides que, aún desprovistos de alma y corazón, se atreven a romper de un zarpazo el nacimiento y evolución de una vida. Y no de cualquier manera, sino mediante el uso de métodos tan demoníacos que solo con describirlos nos sobrecogemos de dolor y espanto.

Sin pudor de ninguna naturaleza la Ciencia divide al aborto en dos clases: el natural o parto espontáneo y el provocado o inducido.

El natural o espontáneo es un aborto inevitable, debido a un trastorno intrauterino, pero al que nos referimos concretamente en esta nota, es al aborto provocado, al inducido mediante métodos tan execrables y desalmados que el mismo Hitler se asombraría al compararlos con los que él uso con las mujeres judías.

Métodos que van, desde la ingestión de pastas abortivas, hasta la introducción en el útero de sondas, agujas, pinzas o ganchos que matan al feto provocando su expulsión. Métodos generalmente practicados por personas inexpertas que ponen en peligro la vida de la madre. ¿Merecerá vivir esa madre?

Lo más aberrante de todo este estado de cosas es que existe un aborto provocado o inducido llamado clínico o quirúrgico, practicado por un grupo de médicos entrenados por clínicas y hospitales ¡El acabose! Médicos entrenados por clínicas y hospitales para cegar vidas, para asesinar niños dentro del vientre materno, cumpliendo con su misión macabra de cegar vidas en lugar de salvarlas, el clásico anti médico, que no solamente pisotea el Juramento Hipocrático sino que se burló y burla de la sociedad que esperanzada acude a él para aliviar sus dolores.

Es el curetaje un procedimiento quirúrgico practicado por el anti médico, no por el médico, consiste en raspar para extraer los últimos tejidos retenidos en el útero después de un aborto o para extinguir la vida humana en sus etapas iníciales. ¡Que bárbaros!

El curetaje por succión, es quizás, el más bárbaro de los métodos de los abortos provocados, consiste en la dilatación que se hace en el cuello uterino, para introducir en él un tubo delgado y flexible que va conectado a una máquina de succión, una vez conectada a la sonda, se pone en marcha la máquina, y esta va rotando en el interior del útero con el fin de aspirar al feto, la placenta y demás componentes que se aferran a la vida desesperadamente para ver si se escapan de semejante atrocidad.

Y allí no paran las atrocidades de los anti médicos quirúrgicos. Con el método llamado Las Prostaglandinas, sellan su cadena de infanticidios. Consiste este método en inyectar en el líquido amniótico, a través del abdomen de la "madre" unas glándulas llamadas prostaglandinas, las cuales estimulan las contracciones uterinas, provocando un parto prematuro. Las víctimas de esta clase de métodos, generalmente nacen vivos y es aquí donde el anti médico le toca asfixiarlo y convertirse en el más monstruoso infanticida de la historia.

Comentan que la desnaturalización de estos anti médicos ha llegado al extremo de tomar a uno de esos niños asfixiados por ellos, para mantenerlos en sus consultorios y estudiarlos.

¿Es a esa cadena de infanticidios que nuestra Corte pugna por convertirla en Ley de la República? Esto ya no es el regreso de la Inquisición sino la resurrección de Hitler inyectándoles esterilidad a sus hombres cautivos y haciendo abortar a miles de mujeres judías, sentado en el trono de la Justicia.

Por otro lado, voces autorizadas de la moral y la ciencia, afirman que la aprobación del aborto en Colombia, obedece a la presión de dos poderosas multinacionales norteamericanas, distribuidoras de la píldora abortiva. ¿Se impondrá el Becerro de Oro a la moral y la ética? Esperemos a ver qué pasa.

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