Nostalgia musical

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Escrito por:

Gustavo Hernández López

Gustavo Hernández López

Columna: Opinión

e-mail: gusherlo@hotmail.com

Hemos tenido el deceso de algunos genios de la música, compositores, directores de orquesta y cantantes tales como, Pacho Galán, Lucho Bermúdez, Joe Arroyo y recientemente Jairo Varela, todos ellos intérpretes puros de la cumbia, el merecumbé, el porro y la salsa respectivamente.

Nos han proporcionado la alegría, el baile, la diversión y la historia de circunstancias de pueblos, personas y realidades humanas al son de las canciones, de los tambores, la batería y los aires especialmente caribeños.

Tanto Lucho como Pacho muy semejantes en su manera de vivir, pusieron a todos los colombianos a azotar baldosa, han sido con sus dos orquestas, los que han logrado que se sienta y aprecie la música costeña no sólo en el territorio colombiano sino en el mundo, dado que sonaron por primera vez nuestros aires musicales en el exterior con la cumbia, el merecumbé y el porro. Se constituyeron en nuestros pioneros en abrir camino internacional a nuestros ritmos musicales.

Joe y Jairo a diferencia de los dos músicos anteriormente mencionados, tuvieron unas vidas disímiles, Joe desordenado al máximo, Jairo serio y metódico. Cada uno en su estilo coadyuvó a la internacionalización de la salsa.

Pero haciendo un paralelo musical, los dos de origen humilde, así se lanzaron o aparecieron en este mundo. Joe de la Costa Atlántica, Cartagenero y Jairo de la Costa Pacífica chocoano de Quibdó, ambos con cualidades innatas para el canto y la composición. Joe más cantante que compositor y Jairo más compositor que cantante.

Juntos soñadores, plasmaron sus sueños. El gran espíritu de superación los caracterizaba y también dignos expositores del mismo género musical, salsomanos de tiempo completo. Fueron exponentes humanos virtuosos en el arte de la música.

Con ocasión de su reciente fallecimiento voy a referirme a Jairo Varela, pues su Grupo Niche ha estado tocando aquí y fuera de Colombia durante 32 años. Como nos señala el adagio no hay mal que por bien no venga. Por causa del incendio que casi acaba con Quibdó, salió el joven Jairo a Bogotá forzado por esa situación y en la capital colombiana comenzó su recorrido musical.

Le compuso canciones a varias capitales de Colombia con hondo sentimiento, particularmente a Cali, ciudad donde murió y donde quiso vivir sus últimos días. Su apego y afecto hizo que la denominara la sucursal del cielo y por ello le dedicó "Cali Pachanguero", que cuando se oye fuera de Colombia es como si estuviésemos oyendo nuestro himno patrio. A Quibdó le ofreció su canción titulada "Mi Pueblo Natal".

Fue una leyenda, un creador de música, son muchas las joyas que nos legó en esa materia, merece por consiguiente todos los honores. Promovió y formó un sin número de cantantes que brillaron en el Grupo Niche. Se ha llorado como a todos los buenos artistas. Es un ejemplo de tenacidad, ganas de hacer bien las cosas y un trabajo sin descanso para conseguirlas.

Tuvo tropiezos, burlas, escollos y dificultades de toda índole. Lo rechazaron en muchas partes, pero su deseo de sobresalir, era la fuerza que le permitió que llegara donde llegó. Ahí queda su hija Yanila al frente de esa prestigiosa orquesta, su responsabilidad es enorme, la ventaja es que tiene la vena musical de su padre y las ganas de continuar su legado. Ojalá persevere y tenga éxito.

Lo oyeron en Nueva York con entusiasmo, tocaba por contrato en la discoteca abuelo pachanguero. Estuvo igualmente en Miami deleitando con su música a cubanos, colombianos y gente del Caribe que reside en esa metrópoli de playa. Allí estuvo viviendo unos cuantos años.

Jairo amenizó fiestas de los Rodríguez Orejuela y esos vínculos músico comerciales con esos narcotraficantes lo perjudicaron notablemente. Se presume que le originaron ingresos cuantiosos pero a su turno dolores de cabeza y días de encierro carcelario, por enriquecimiento ilícito.

Más incluso en la época de reclusión, produjo obras musicales significativas. Su entretención y trabajo para olvidar su condición de preso, era justamente el estar de lleno involucrado en su música. Allí hubo reflexión sobre sus triunfos, el dinero y sus excesos.

Quienes tocamos instrumentos de percusión, lo recordaremos perennemente, pero sobretodo admiramos su talento, su don y su facilidad para componer y dirigir su orquesta. Tenía la conciencia del saber, la confianza en su preparación y la constancia, cualidades que le ayudaron a alcanzar sus propósitos.

Definitivamente lo he pregonado y lo seguiré exponiendo, en cuanto que gracias a la música nos acercamos los pueblos y las personas. Hay reminiscencias de las almas vivientes, de las ciudades y hacemos memoria de nuestros amores.

Esa combinación de sonidos como se podría llamar originalmente aquello que de forma ordinaria se llama música, es imprescindible. Hace llevadera la vida. Hay melodías para todos los instantes, cuando impera la alegría, cuando estamos colmados de tristeza, cuando caen las gotas de agua incólumes del cielo, cuando el frío nos afecta o el calor nos hace transpirar, cuando celebramos triunfos, en suma cuando deseamos loca y profundamente una buena compañía que nos inspire, que nos aliente, que nos ilumine y que nos haga reflexionar y pensar.

Por intermedio de ella se expresan los sentimientos más íntimos, los paisajes, los mares, los ríos, los sitios conocidos y desconocidos y nos llena la mente de mensajes gratos y amables. Nos liga estrechamente y de corazón con la patria y nos imprime valor y fortaleza en las situaciones críticas y delicadas.

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