¡Cuídense del amiguismo!

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Ricardo Villa Sánchez

Ricardo Villa Sánchez

Columna: Punto de Vista

e-mail: rvisan@gmail.com

Vuela el 2012, un año bisiesto del que muchos clarividentes, siguiendo unas supuestas profecías mayas, han dicho que sería el del fin del mundo.

Otros pensamos que ojalá sea en el que se acaben los valores negativos del ser, como la ambición, la guerra, el despojo, la envidia, etc., como bien los relata Ernesto Sábato en unas líneas de Abaddon el exterminador, ese mal que domina al mundo y sea el año del florecimiento de una nueva era de solidaridad, paz, redistribución y amor.

Ojalá sea así para que muchos recuperemos la confianza no solo en las instituciones sino en lo que Stendhal llama la cristalización del amor, es decir, la amistad y no el amiguismo.

En el capítulo final de Cien años de soledad, el último de los Buendía sale a caminar las calles, después de darse cuenta de que la tragedia había tocado a la puerta de la gran casa, es allí cuando García Márquez nos cuenta que: "Terminaron llorando juntos y Aureliano sintió por un momento que el dolor había terminado. Pero cuando volvió a quedar solo en la última madrugada de Macondo, se abrió de brazos en la mitad de la plaza, dispuesto a despertar al mundo entero, y gritó con toda su alma: -¡Los amigos son unos hijos de puta!"

La perversión de la amistad, se basa en cuando se hace uso de ella para lograr propósitos oscuros, determinar bajas pasiones o generar dependencia hacia las personas que por razones de la condición humana, del destino, de Dios o de las circunstancias, conoces en el camino de la vida. Para algunos, los amigos son la segunda familia, para otros la única. Sin embargo, muchos que dicen llamarse amigos, como en la fábula de El león y el buey, de Calilla y Dimna, quieren sacar provecho, envenenando a los líderes contra sus amigos.

Una amiga el año pasado, acuñó una frase que me ha quedado sonando: "Uno gobierna con los amigos y no con los enemigos". En los negocios dicen que no vale nada personal, sin embargo, es mejor trabajar con gente cercana a nuestros afectos.

La guerra también se hace con los amigos, aunque a veces toca aliarse hasta la vuelta de la esquina con quienes otrora eran adversarios, porque los enemigos de nuestros enemigos, dicen que son nuestros amigos.

Pero, en la gestión pública, se gobierna con los amigos que reúnan las condiciones de nunca meter en problemas al dirigente, saber decirle no y explicarle hacia donde van las cosas.

No es para decir sí a todo y salir corriendo cuando tenga el agua hasta el cuello o para alejarles, con sobrado egoísmo, a las personas que le pueden colaborar sin condiciones o, lo que es peor, adularlo hasta fetichizarlo.

Los casos de amiguismo, corrupción y clientelismo abundan en la política, en las corporaciones, en la vida.

Sobre todo si las relaciones se basan en nexos de carácter comunitario, de excesiva subordinación o hasta de intimidación, llámese escuela, familia, iglesias, milicia, grupos de interés, grupúsculos o movimientos políticos menores, etc. y no en el marco de la sociedad en su conjunto.

En eso se basa la ética premoderna: favor con favor se paga, gobernar con los amigos, exigir una lealtad y disciplina de perros basada en la desconfianza y en la obediencia, sin saber que cuando se entra en esa larga fila se empiezan a formar cuervos con armaduras de acero que no esperan la primera oportunidad para dejar a su mentor sin ojos o para alejarlo de la realidad que se le viene encima.

En este 2012, cuídense del amiguismo, esa vieja forma de hacer política basada en un soterrado favorecimiento a los amigos de parranda, afectos, favores, sobre todo a los que no tienen el perfil debido y que pasan por encima de otros más preparados, con comprobada experiencia y honestidad a prueba de fuego. Quizás por ello, Gabo en Cien años de soledad menciona que el coronel Aureliano Buendía, solía decir entonces: "El mejor amigo es el que acaba de morir."

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