Hay odio

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

En Colombia hay una enfermedad que nos está matando. Está esparcida en todos los lugares del país y es bastante democrática: no distingue estatus económico, raza, ideología política, origen geográfico, edad ni sexo.

Es el impulso eficiente de cientos de acciones que terminan segando la vida, pisoteando el honor, arrastrando la dignidad, encarcelando la libertad, limitando el desarrollo físico y espiritual, desgajando la reputación, royendo la felicidad hasta dejarla hecha polvo.

Se manifiesta en las columnas y en especial en los encapuchados foros de los periódicos, en las redes sociales, en correos electrónicos, en pasquines, en afiches, en grafitis, en sentencias, en discursos, en emisoras radiales, en programas de TV, en las esquinas, en los pitos de los carros.

Se llama odio, no hay claridad sobre cómo se formó la cepa colombiana de hoy, tan mordaz y de rápida propagación. Una mutación proveniente de la brutal Conquista o de la desigualdad de la Colonia o de la feroz Independencia. Alimentada por el narcotráfico, por la violencia de guerrillas y paramilitares, por las inequidades sociales, por la ambición de poder, por la envidia, por decenas de pasiones desbordadas.

¿Por qué tenemos que transformar nuestras diferencias y nuestras carencias en odio? No sabemos manejar las diversidades ni soportamos que algo nos falte, porque de inmediato lo llenamos todo con odio vano e inútil.

Este país se está muriendo de odio, odio a todos y por todo. Nuestro problema ya no son tantas cosas que dicen lo motivan, no, ya el odio se volvió costumbre y manera, es forma de sentir, de pensar, de actuar, de ser. Se volvió causa y no consecuencia; enfermizo, autosuficiente, independiente, tomó vida propia desligado de motivos.

Y cómo no conoce de motivaciones es ciego, se usa para cualquier cosa y sus alcances son desbordados y brutos. Pasión destructora para quien lo padece y para quien lo alberga. Las torpes generalizaciones, por ejemplo, son hijas del odio en Colombia, que se expande absurdamente a todos las situaciones, eventos, personas o grupos que por cualquier razón sean similares o tengan algún vínculo real o formal con el primer supuesto motivo.

Odian al ex presidente Uribe y por ahí derecho odian a todos quienes tenemos el apellido Uribe o hasta si llevamos el nombre de Álvaro (mi caso personal, que por obvias razones es el que más conozco) y también odian a todos los paisas y sus prendas típicas en una semiótica estúpida. Odian a los Nules y ya quedan metidos en el odio todos los costeños, odian a alias Alfonso Cano y a su banda y ya odian a cualquiera que intente defender los derechos humanos y el Estado de Derecho para todos, así sea lo que más vulneren las Farc. Es una epidemia loca y perversa, que le hace dudar a uno de la inteligencia de muchísimos colombianos.

Si usted rechaza la guerrilla es paraco y si rechaza los paracos es guerrillero, si reza es retrógrado y hasta pedófilo, si protesta es terrorista, si es hombre maltrata a las mujeres, en fin, el odio ciego no sabe de mesuras, ni de ecuanimidad ni de razones. Si usted dice esto, o nació allí, o pertenece a tal grupo, o es de cierto género, o se llama así, o se pone tal cosa o estudió cierta carrera, o es primo tercero o vecino de fulano, o tiene determinada profesión, o es negro o blanco, o es pobre o rico ya está rotulado, empaquetado y definido.

Son generalizaciones gratuitas motivadas por muchas razones, como pereza neuronal o culturas dogmáticas, pero la razón que más las impulsa es el enceguecimiento mental que produce el odio, que induce a cerrar los ojos mientras se dispara para todos los lados o se agita el garrote a la deriva como gallina-ciega.

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