El voto: columna vertebral de la democracia

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

e-mail: jairofrancos@hotmail.com

La venta y compra de votos de forma descarada en este país, sin lugar a equívocos protagoniza un retrato crudo, excesivo y brutal de la realidad que nos rodea. Sufragar constituye una premisa normativa de la que se evidencia el derecho a un proceso de equilibrio democrático; la actuación del libre albedrío, se desarrolla en concordancia con la necesidad y la eficiencia del ejercicio en la justicia.

Pretendemos promover una campaña de socialización y sensibilización, que incorporada a todos los estamentos de la sociedad colombiana, permita un verdadero despertar de conciencia y como tal movilizar resortes psicológicos, crear expectativas e involucrar al constituyente primario en torno a la concertación y deliberación de criterios democráticas que permitan a Colombia ser un país equitativo y con justicia social.  Con base en esta aseveración, podemos decir que el voto para que sea útil, debe ser libre, espontaneo y voluntario; nadie en Colombia debe coaccionar a otro para amarrar su potencial electoral.

Cuando la democracia se respeta, entendemos por fin que ni siquiera el marido puede obligar a su mujer a que le dé el voto; tal vez dialogar y convencerla.  En este sentido la M.O.E. (Misión de Observación Electoral) viene promoviendo mensajes de advertencia y prevención, orientados a toda la comunidad; señala que un abultado número de dirigentes comunales con carpeta en mano, donde contienen fotocopiado el libro de asignación de las juntas (Libro Mayor) aparecen hipotecando o mejor vendiendo este potencial electoral a los candidatos de la actual contienda a diferentes corporaciones públicas. Las cifras negociadas oscilan entre 20, 40 y 60 millones de pesos. ¡Qué vergüenza!.

Mientras estos absurdos sigan creciendo, Colombia será un país anclado en la miseria, pobreza extrema y ubicada en el tercer mundo.

Estos atavíos innecesarios de descripciones reales y auténticas, donde lo absurdo y lo cotidiano se entrelazan, permiten crear un mundo imperfecto.  El voto no se bota, no se transfiere, no se endosa; siempre debe ser voluntario; será un derecho y un deber que tiene el ciudadano y obedece a un compromiso para dar solución a temas importantes que afecten los intereses de la comunidad y lo más importante para que sepa la opinión pública y sociedad en general, que la venta y compra del voto, está tipificado como un gravísimo delito que corroe los cimientos de la ética y de la moral.

Esta es una insoslayable realidad que no la aceptamos y que estamos obligados a aunar esfuerzos para labrar el camino y entre todos construir la democracia que soñamos y que estos rufianes pisotean.  Las llamadas ayudas humanitarias (tejas, cemento, ladrillos….) de los candidatos a los sufragantes, son el auténtico delito de la compra disfrazada del voto con palabras bonitas.  Estas irregularidades desmoronan la esperanza y siembran más incertidumbre que se observa  con regularidad,  donde la pobreza reina por doquier.

Bajo estas circunstancias, todos, absolutamente todos, estamos obligados a ir al corazón de la motivación, al despertar de la conciencia, creando una fuerza que nos una, sólida y permanente, para contrarrestar este terrible flagelo de la compra y venta del voto que hace carrera en el país.

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