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Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

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Me había prometido conocer el malecón del Centro de Convenciones Puerta de Oro de Barranquilla al que su alcalde Alejandro Char le dio tanta publicidad como antesala de la promoción a los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe y, lo hice apenas el miércoles 1º de agosto, creyendo que era tarde ya. Pero no, pude alejar de mí ese pensamiento, ya algunas obras menores todavía están sin terminar, lo que no me impidió apreciar la grandeza y la majestuosidad de un proyecto urbano en cuya idea original me siento de alguna manera inmiscuido: Barranquilla Ciudad – Río.

Yo no lo dije. Fue el propio alcalde que al verme en ese lugar se dirigió a mí como su asesor que disfrutaba vendo su sueño hecho realidad. Hasta se refirió al nombre que le pusimos que ya yo no recordaba: Centralidad Urbana. Es cierto. Poco antes del 8 de marzo de 2007 en su oficina de ingeniero, me comentó que definitivamente aspiraría a la alcaldía de Barranquilla, corroborando así los rumores que se venían sintiendo. Durante el ejercicio de mi profesión me he dado cuenta que existen en la ciudad unos ejes urbanos que se han venido consolidando espontáneamente alrededor de generosas ofertas de espacio público mal tratado. Me refiero al bulevar de Simón Bolívar, la zona de La Redonda en Santa María, la entrada al Barrio El Bosque, el Centro de San Camilo en el Barrio La Paz, la Carrera 21, las Calles 84 y 72 y Barranquillita

Si a ese espacio público que hoy se encuentra tan deteriorado lo mejoramos, lo rediseñamos y lo articulamos coherente y armónicamente con el sistema urbano de Barranquilla, a través de unos eficientes canales vehiculares, redes viales y de transporte público dotadas de ciclo-rutas, buen alumbrado, arborización y señalización, tendremos una ciudad más ordenada y robustecida con unos centros de servicios autónomos con bibliotecas, casas de cultura, instituciones educativas, centros comunitarios y de salud, clínicas, parques, escenarios deportivos, mercados, comercio y bancos para que los pobladores no tengan que recorrer grandes distancias hasta el Centro de la ciudad para abastecerse. Es lo que el urbanismo moderno llama  “centralidades urbanas“, le comenté.        

 A mediados del mes de marzo, antes que comenzara en firme la campaña por la alcaldía, fui invitado a dictar una conferencia sobre “el impacto de los estudios de la Misión Japonesa -JICA- en el proceso de renovación urbana del Centro de Barranquilla y Barranquillita“, en la especialización de Diseño Urbano de la Universidad Nacional – Sede de Medellín. Aproveché este espacio para proponerle al Director del Programa, Arquitecto Tomás Nieto, que tomaran por ese semestre a Barranquilla como objeto de investigación y estudio, oferta que no vacilaron en aceptar y, a finales de ese mes, estaban los treinta y dos alumnos y ocho profesores metiendo sus narices en todos los rincones de la ciudad, analizando cada detalle de su configuración morfológica, su estructura urbana y esa entrañable vocación y desatendida conexión con el Río Magdalena.

Se invitó a las autoridades locales, gremios de arquitectos e ingenieros, universitarios y curiosos. Nadie acudió, solo Alejandro Char y su asesor estuvieron presentes escuchando a los urbanistas, recogiendo sus recomendaciones, recorriendo las márgenes del Río en lancha, en carros y a píe, opinando, especulando, aprendiendo para que luego en lo que ahora parece haberse realizado en un “abrir y cerrar de ojos“, después de construir el tramo de la Avenida del Río León Caridi con grandes esfuerzos, hoy tener a la mano ese sueño de  Ciudad – Río que soñamos para la Región Caribe y el país.

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