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Escrito por:

Wilfrido De la Hoz

Wilfrido De la Hoz

Columna: Opinión

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Las últimas cifras económicas presentadas por el Gobierno Nacional  a través del Departamento Nacional de Estadística (Dane), y últimamente por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, por ser éste de mayor importancia nacional, nos indica a los colombianos que algo está pasando cuando el gobierno muestra un inusitado y sospechoso interés en ellas.

Es verdad que el Dane midió y calculó, pero junto con el Ministerio de Hacienda y Crédito Público anunció que la Economía colombiana había crecido durante el primer trimestre de 2018. El Dane midió ese comportamiento en doce actividades económicas establecidas  de acuerdo con la Clasificación Industrial Internacional Uniforme (CIIU) Revisión 4 adaptada para Colombia.

La economía colombiana creció 1,8% en 2017; Este es el resultado más bajo de los últimos 8 años, es decir desde 2009, según el Dane; aunque las diferencias son de apenas centésimas. En 2018 dicho crecimiento en el primer trimestre fue de 2,2% después de algún ajuste de la cifra; porque en principio el dato fue de apenas 2,0%. Ese ajuste lo justificó el Dane explicando que por primera vez la nueva base de las Cuentas Nacionales incluyó doce grupos de actividades económicas en lugar de nueve ramas de actividades utilizadas hasta ahora, con arreglo a recomendaciones del Sistema Estadístico de las Naciones Unidas.

Por otra parte, el entusiasmo del gobierno con las cifras y componendas era porque Colombia debía ser aceptada en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) como el país miembro número 37. Esta organización agrupa a las principales economías desarrolladas del mundo, promueve y exige a sus  inscritos, de manera efectiva el uso de buenas prácticas públicas en materia social, política y económica. ¡Vea pues! La gran mayoría de los colombianos aún no sabe qué es la Ocde ni para qué le sirve.

Altos funcionarios del Estado han intentado explicarnos que el país recibirá beneficios en tres categorías: mejores políticas públicas, mayor confianza e inversión en la economía nacional, y mayor posicionamiento e influencia internacional; todo eso se traducirá en mayor bienestar para los colombianos.

Algunos críticos, aseveran que eso es como si algún parroquiano de estrato 3 se va a vivir al estrato 6. Este acontecimiento de aparente superación, le acarreará más gastos e incomodidades en sus actividades familiares; hasta de pronto, lo perjudica en vez de beneficiarlo. Para esos críticos, lo anunciado no es más que puro esnobismo.

Mientras tanto miremos estos indicadores importantes de nuestra Nación: la tasa de desempleo en marzo de 2018 fue de 9,4%  y la  de abril fue de 9,5% de la Población Económicamente Activa, conformada por las personas en edad de trabajar que estuvieron  buscando empleo o trabajaron en la semana o mes que se aplicó la encuesta.

No obstante de esa buena práctica de la política pública para medir el desempleo, sabemos que la metodología enseña que la población en edad de trabajar es de 12 años y más para el sector urbano y de 10 años y más, para el sector rural. ¡Qué maravilla!

Ahora bien, el Ministerio del Trabajo en asocio con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en desarrollo de una buena práctica de la política pública para controlar y castigar el trabajo infantil debe coordinar estas recomendaciones de los buenos amigos; aunque el Presidente nos anunció que en el ámbito laboral cabe recalcar el fortalecimiento de normas contra la contratación ilegal.

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