Noble profesión: el periodismo

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

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El pasado 9 de febrero se conmemoró el Día del periodismo. Seguramente muchas de las personas dedicadas a esta profesión tuvieron en cuenta la fecha y recibieron merecidas felicitaciones; otras esperaron reconocimientos que por olvido o desidia de la comunidad nunca llegaron. Eso no importa.

Interesa saber, eso sí, y estar convencidos de que el ejercicio del periodismo como actividad vital otorga a quien lo practica satisfacciones que van más allá de lo meramente exterior. El verdadero periodista siente que su vocación colma sus expectativas; que su trabajo se convierte poco a poco en pasión y que, definitivamente, cumple una función destacada en la sociedad. Eso debe ser suficiente para considerarse satisfecho. El aplauso suele ser temporal y muchas veces lisonjero; en cambio, la superación personal impulsa al periodista a buscar la excelencia en su trabajo cotidiano.

     Hasta hace varias décadas el periodista no se formaba en universidades: le bastaba tener las aptitudes que el ejercicio demanda y agregar a ello el conocimiento de temas generales y un manejo adecuado del lenguaje. Más tarde aparecieron las facultades de periodismo, las cuales en muchos casos solo satisfacen las aspiraciones de jóvenes a quienes llama la atención la práctica de este ágil oficio pero no siempre pueden corregir defectos que nuevos profesionales nunca superaron en sus estudios de la educación media. Para abarcar un campo más extenso en el desarrollo de las funciones de sus egresados, muchas de esas universidades ampliaron la cobertura de sus programas y pasaron a brindar títulos al amparo de nuevas denominaciones, entre ellas Comunicación social. Lo que parece ser cierto es que el antiguo periodista, aquel que ejercía por vocación con suficientes conocimientos a cuestas y previamente dotado con los elementos que brinda el lenguaje, vio restringido su campo de acción y encontró cada día menos posibilidades de moverse entre los modernos medios de comunicación. Claro está que ese tema, para tratarlo, merece más tiempo y espacio, sobre todo si tenemos en cuenta los avances incontenibles de la informática. Lo cierto es que la función del periodista no consiste solo en publicar algo con cierta frecuencia en un medio de comunicación. Las normas que rigen este oficio son claras, y la seriedad de quien la ejerce se forja con el trabajo concienzudo.

     Pecaríamos de ingratos si en esta fecha no mencionásemos a don Manuel del Socorro Rodríguez, quien nació en Bayamo, Cuba, en 1758. En 1790 se trasladó a Santafé de Bogotá. Fue nombrado bibliotecario público, cargo que ocupó hasta su muerte. Fundó la tertulia ‘Eutropélica’ en el seno de la cual surgió el periódico ‘Papel periódico de Santafé de Bogotá’ en 1791; este fue el primer periódico fundado en el país y en él escribieron personajes importantes en diferentes campos. Esta publicación desapareció en 1797. Años antes, en 1785, habían aparecido dos publicaciones que no tuvieron el carácter de periódicos; ellas fueron ‘Aviso del Terremoto’ y la ‘Gaceta de Santafé’, que se editaron una sola vez.

     El periodismo ha sido taller y escuela para grandes escritores, no solo en Colombia. Sin embargo, si nos circunscribimos a nuestro país, el ejemplo más destacable lo constituye Gabriel García Márquez, quien siempre se consideró más periodista que escritor. Su preocupación por la profesión lo llevó a crear la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en Cartagena.

     Por la importancia y el respeto que merece el periodismo como profesión es necesario que los medios de comunicación se esmeren en la selección del personal que labora para ellos. Es deprimente observar en los titulares de noticieros televisivos errores garrafales que atentan contra nuestro idioma. En los medios escritos estos errores son frecuentes y más notorios por su permanencia ante los ojos de los lectores.

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