Hablan los odios

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
Las redes sociales amanecieron el martes pasado atestadas de epítetos y maledicencias de los dos bandos en discordia: el de los que están a favor de los acuerdos de La Habana y del proceso de paz y el de quienes los rechazan por diversas razones. La hoguera la encendió el candidato a la presidencia Germán Vargas Lleras en entrevista con Caracol TV y atizaron el fuego Claudia López y Jorge Robledo en su anunciado debate en el Congreso.


Vargas Lleras sabía con que se venía ese par y se les adelantó. Un día antes se hizo invitar por la cadena de televisión y como suena en el argot de la política “se despachó”. Rayos y centellas cayeron contra la justicia especial de paz, contra los contenidos de los acuerdos, contra las FARC, contra la alianza Fajardo-López-Robledo y contra De La Calle. Se le alcanzó a ver descompuesto, a ratos fresco y cordial y a ratos iracundo. Evitó que lo encasillaran, mantuvo el hilo y se cuidó de negar -como Pablo- a Santos tres veces, aunque también lo golpeó y duro. “Por fin habló Vargas”, titularon los medios que replicaron su intervención. 

Y en el otro extremo, menos amplificado, pero con más furia y vehemencia se escuchó la réplica en la plenaria del Senado. Él, Robledo, se encargó de mostrar los síntomas de corrupción que embargan al Fiscal General por la vía de los contratos a Odebrecht y sus relaciones con el “cartel de la toga” y ella, Claudia, centrada en los procesos (“estancados”) que por defraudaciones al erario público les siguen a funcionarios y parlamentarios del partido Cambio Radical, al que estuvo vinculado hasta ayer Germán como su único mentor, creador y director.

Con mucha pena y pesar debo registrar los acontecimientos más destacados de la política nacional esta semana. El desconcierto es total. Dos fuerzas de centro, situadas una más a la derecha y la otra más a la izquierda, se disputan el escenario electoral a grito herido, con insultos, malformaciones idiomáticas y falacias de baja estopa, ante la mirada escéptica de los colombianos que no vemos todavía la luz al final del túnel que nos ilumine el cauce civilizado para transitar unidos hacia la paz, sueño que hoy no es más que una ilusión informe.

Nos arde el corazón y se nos quema por dentro con el fuego que desataron los insensatos y que muy seguramente ya no podrán apagar con cualquier agua limpia, con la que podamos lavar tanta violencia verbal y la impregnada en el hambre y en la pobreza, en el ejercicio de la política, de la administración pública, de la justicia y de la vida misma de los colombianos. Esto apenas comienza. Nos esperan tiempos peores.

No quisiera que así sea. Pero, siento que la virulencia aleja las posibilidades de diálogo y entendimiento. Para Hannah Arendt “el poder responde a la capacidad humana no sólo de actuar sino de actuar concertadamente. El poder no es nunca propiedad de un individuo -llámese Vargas, López, Robledo o quien quiera-, pertenece al grupo y existe mientras este no se desintegra”. O es que ¿acaso requieren una sociedad más atomizada y dispersa, para el logro de sus fines electorales?         

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