Haciendo el presente

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

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No se puede vivir con miedo la vida. Ni se puede tenerle miedo a la incertidumbre que trae siempre el futuro. Tenemos que vivir sabiendo que solo nos pertenece el presente, ese es el que está en nuestras manos y el que podemos trabajar. El pasado ya no existe y solo tenemos que recordarlo para darnos cuenta de los errores que cometimos y no volverlos a cometer. El futuro tampoco existe y no podemos garantizar absolutamente que sea lo que hemos decidido. Por ello es muy importante concentrarse bien en el presente y actuar con inteligencia y firmeza.

Dios nos bendice y nos ayuda con la luz de su Espíritu Santo y nos hace encontrar los caminos que nos llevan al éxito. Cuando le tenemos miedo al futuro terminamos equivocándonos. Tampoco podemos poner nuestra confianza en los adivinadores que nos engañan con discursos bien elaborado, pero totalmente falaces. Lo que tenemos es que planear bien la vida y tratar de hacer las cosas de la mejor manera en el hoy para que sus consecuencias en el mañana sean lo que nosotros pretendemos que sea. Para ello hay que pensar y analizar bien la realidad, comprometernos con trabajar duro y ser lo suficientemente flexible para encontrar nuevos caminos para solucionar las dificultades que tengamos.

Es necesario tener actitudes muy concretas para que la construcción del presente sea la mejor. La principal actitud es consecuencia de tener claro que se quiere y para donde se quiere ir, eso se traduce en claridad. Todas las fuerzas están orientadas en función de ese objetivo. La segunda actitud es la de comprometerse con trabajar duro en función de lo que se quiere lograr, la vida se hace golpe a golpe. La tercera actitud es no tenerle miedo a los problemas y luchar por resolverlos de la mejor manera.

A mí me anima mucho la certeza de que Dios está conmigo y que me ayudará a no desfallecer en ninguna batalla, que su poder siempre me impulsará a hacer lo correcto. Es necesario que tu relación con Dios te garantice que todo saldrá bien y que podrás vencer todos los problemas.
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