Donald Trump no la tiene fácil

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Arsada

Arsada

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]

A finales de febrero en una entrevista de televisión realizada por el reconocido periodista Bill Maher,  el usamericano Michael Hayden, general retirado de la Fuerza Aérea estadounidense y por si fuera poco exdirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), expresaba su preocupación ante el hipotético caso en que Donald Trump llegase a ser presidente de los Estados Unidos, quien manifestaba a raíz de lo expresado días antes por Trump de que iba a “matar a las familias de los terroristas”; “¡Dios, no! Si Trump ordenara esto siendo presidente, las fuerzas armadas estadounidenses se negarían a actuar.

Están obligados a no obedecer órdenes ilegales. Eso sería una violación de todas las leyes internacionales de conflicto armado.” Y aquí viene la perla: “Habría un golpe de Estado en este país.” No podía creer lo que estaba leyendo, pero…

Luego el 3 de marzo Newt Gingrich, quien fuera precandidato en el 2012 por el partido republicano y presidente de la Cámara de Representantes del 95 al 99, en declaraciones concedidas al ultraconservador canal de televisión Fox News el pasado sábado 3 de marzo manifestó que el establishment tenía miedo de Donald Trump porque no pertenecía  a “la sociedad secreta”. Según él la sola posibilidad de que se convierta en candidato oficial del partido  “vuelve absolutamente loco” al establishment republicano.

Cuando el entrevistador le pregunto por qué,  no tuvo problema alguno en responder “porque él es un extraño, no era uno de ellos, no forma parte del club, es incontrolable, no ha pasado los ritos de iniciación, no pertenece a la sociedad secreta.” Y todo parece indicar que este señor tiene porque saberlo en su carácter de miembro de una de ellas conocida como la Bohemian Grove. Para los entendidos Gingrich, lo que hace es poner en evidencia la existencia de estas organizaciones secretas de carácter profundamente elitista de las que solo sabemos lo que realmente ellos quieren que sepamos.

Pero el ovillo continúa y el 7 de marzo el vicecanciller de Alemania, Signar Gabriel, líder del partido Socialdemócrata germano ha declarado al dominical Welt am Sonntag, que el candidato Donald Trump, quien a su entender no es más que un “populista de derecha” no solo amenaza la paz, sino también el desarrollo económico. En su concepto el usamericano se contradice porque mientras se define como partidario del libre comercio se opone a la aceptación de trabajadores emigrados a Estados Unidos  y defiende la imposición de aranceles del 45 % a los productos chinos lo que lo convierte en un proteccionista, política económica contraria a los intereses del capitalismo mundial globalizado, el mismo de los tratados de Libre Comercio. Razón por la cual incluso algunos sectores del Partido Republicano, especialmente los llamados neoconservadores han llegado a manifestar sus preferencias por Hillary Clinton.

De otra parte, el actor belga Claude, Van Damme, en un programa político francés se atrevió a declarar sin ningún problema que las familias Rockefeller y Rothschild, dos súper poderosos grupos financieros con intereses globalistas no permitirían por ningún motivo el ascenso al poder de Trump, y resulta apenas obvio, los globalistas como lo afirma el mismo artista, no tienen patria, para ellos la única patria que existe se puede decir que es el dinero y lo mueven hacia donde les rente más ganancias sin importarles el cómo.

Con todo lo anterior bien se puede decir como lo diría nuestro coterráneo hombre de televisión,   Alejandro Palacios, el hombre no la tiene fácil. Trump podrá tener mucho dinero, pero más tienen los otros y esto será determinante ahora cuando parece que las estrategias dolosas que ellos impusieron en los procesos electorales en América Latina parecen apoderarse de la realidad electoral  al interior de su país, recordemos el chocorazo de Bush hijo en La Florida. No en vano las cantidades de dólares que se están invirtiendo en estas campañas son alucinantes y allá como acá el sector privado invierte en las campañas no solo con la promesa de que se le devolverá su dinero sino también  incluida  una generosa utilidad. 

Publicidad