Santos en su laberinto

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Quintero Olmos

Andrés Quintero Olmos

Columna: Pluma, sal y limón

e-mail: quinteroolmos@gmail.com

El Presidente de los colombianos, Santos, le dijo sin titubeos a Claudia Gurisatti en entrevista a RCN Televisión que había que "desescalar" el lenguaje con las Farc para que el proceso de La Habana llegase a buen puerto.
Poco a poco el Gobierno está mostrando el verdadero color de su plumaje donde los sapos son más grandes que los charcos, los calificativos anotan pero no califican y donde el futuro nacional se mide en cuatro meses y todo depende de si la nombrada cuesta más que reconocer la realidad victimaria de los que no son víctimas.
En este laberinto de terroristas, bandidos, narcotraficantes y sus etcéteras que ya no pueden ser lo que son, a excepción de las manos negras y otros paramilitares ajusticiados, condenados y extraditados que son lo que fueron, la mesa habanera ensalzada a ritmo cachaco de huevón, son y ron tendrá una vida útil dependiendo del capital político de la Unidad Nacional que caduca, según fecha de pote, en tiempos poselectorales en la cual la compra de votos se amortigua financieramente en cuotas.

Las últimas encuestas han venido mostrando un desescalamiento sentimental entre la opinión pública y Santos. Por eso, se ha instaurado que si en estos cuatro meses no se avanza en los puntos de justicia y víctimas se acabarán las discusiones con el grupo en posconflicto. Este es el pataleo en marea baja que empuja, jala y chispotea el nadado. Se está acercando cada vez más el momento en el cual las Farc le darán la espalda a Santos poniéndolo contra las cuerdas porque, según ellos, "en tres años no se puede resolver un conflicto armado de más de 50".
Santos ahogándose en su propia bebida gran colombiana, en la cual, como en Macondo, el mundo era tan reciente que las cosas no tenían nombre, y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo asolapado para saber qué eran: "las guerrillas no son nar-cotraficantes ni bandidos".
La verdad es que el mandatario quiere que las Farc se integren a la sociedad civil y sean consideradas como cualquier partido político existente. Habiendo un borrón y cuenta nueva explícito con algunas penas privativas de la libertad para los más altos guerrilleros en descampados abiertos y desconocidos para Bogotá, delimitados con alambres de púa conocidos, pero de sobrenombres raros como Putumayo, Cauca, Catatumbo o Arauca, donde se concentrará su desarrollo político, ya en dejación de armas. Allí entonces el Gobierno creará un total de X Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz para la elección de un total de X Representantes a la Cámara, de manera temporal y por X períodos electorales. En estas Circunscripciones habrá reglas especiales para la inscripción y elección de candidatos. Las campañas contarán con financiación especial y acceso a medios regionales y los candidatos serán elegidos por los ciudadanos de esos mismos territorios. Sin embargo, los Partidos que cuentan con actual representación en el Congreso de la República no podrán inscribir candidatos para estas Circunscripciones. ¡Pluf!
Y así viviremos en el trópico colombiano, ya nada tendrá olor a guayaba, pero todos volaremos en blancas palomas pixeladas hasta que alguien en bala pérdida les atine.

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