La puerta de oro… ¿se cierra?

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

Hay gran euforia entre la clase empresarial barranquillera por los impactos que produciría en la Región Caribe, pero en particular a Barranquilla, los Tratados de Libre Comercio. Páginas enteras en el diario nacional Portafolio, recogen impresiones muy positivas sobre las grandes ventajas que esta otra apertura sí les traerá a los caribeños, y en particular, a los habitantes de su ciudad más grande.

Hay razones para el entusiasmo, entre otras, porque las grandes fallas del centro del país, donde se concentraba históricamente el desarrollo, ahora le impiden beneficiarse de esta nueva etapa de la globalización colombiana que se convierte en ventajas para el Caribe y sus puertos.

El haber dejado pasar 8 años, o más, desde cuando se empezó a hablar de la apertura al mundo, sin cumplir con la agenda interna, particularmente en infraestructura, es posiblemente una de las razones para una ola económica positiva para esta parte del país. Ya la inversión nacional, que se había concentrado donde está el gran mercado interno, ha visto que su ventaja comparativa se agranda si obvia las terribles limitaciones que presenta la infraestructura desde el interior del país. Se repite permanentemente que es más barato traer cosas de la China a un puerto colombiano que llevar esas mismas mercancías de Bogotá a Barranquilla.

Si la construcción de carreteras sigue como va, esos mismos argumentos serán los que atraerán inversionistas extranjeros a Barranquilla. Como un primer pronóstico se puede pensar que será por el lado de la inversión nacional y extranjera por donde entrará el mayor crecimiento. Por ello, a reglamentarla y a quitarse esa maña de desmayarse con los extranjeros. Son hombres de negocios y no precisamente monjas de la caridad, no se les olvide.

Volver a ser la Puerta de Oro de Colombia tiene muy entusiasmada a la clase dirigente barranquillera. Se habla de grandes inversiones nacionales y locales, que ojalá se traduzcan en bienestar para todos en una ciudad con una pequeña clase media y grandes masas de pobres. Pero hay un detalle que preocupa: el aeropuerto Ernesto Cortissoz, nuevamente noticia nacional por sus fallas y el malestar causado.

La culpa es del centralismo, seguramente será la respuesta que tiene algo de razón. Sin embargo, ¿las alcaldías de Barranquilla, Soledad y Malambo, no tienen nada que decir no solo sobre el problema de las luces para los vuelos nocturnos sino sobre el pésimo manejo ambiental de los basureros que rodean el aeropuerto? Más peligroso que dejar de volar porque no funciona bien el Aeropuerto en la noche, es correr el peligro de que los goleros causen tragedias como la que acaba de ocurrir en Nepal, cuando un pájaro se metió en la turbina de un avión y lo precipitó a tierra.

Que saca Barranquilla con toda la euforia empresarial si su aeropuerto no funciona, bien por fallas actuales o pasadas de los administradores del mismo, o bien por la falta de manejo ambiental que ha llevado a rodearlo de goleros que introducen un riesgo inconcebible al transporte aéreo en Barranquilla. Como si viviéramos en el siglo XIX.

Nadie se puede lavar las manos y quedarse en la parte positiva del vaso. Falta una mitad por llenar, y en ella, de lo más apremiante es tener un aeropuerto que garantice un funcionamiento eficiente. El tiempo que se pierde, el costo que se agrega, puede ser mortal si de atraer inversionistas se trata. Que no se cierre la Puerta de Oro.

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