Adoro mi iPod y no puedo esperar mi iPad

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

Hace tres años, en Navidad, mis hijos me regalaron un iPod morado que me cambió la vida. No había vuelto a escuchar mi música preferida, ni aquella que me recordaba momentos importantes de mi juventud. Como siempre, mi hija se ocupó de consentirme y gastó tardes enteras grabando lo que ella sabía que yo quería oír. Salir a caminar por las mañanas dejó de ser una tortura para convertirse en el único momento del día donde me desconectaba para disfrutar mi iPod. En la Navidad de 2010, me regalaron un Kindle de Amazon y creí que había llegado a la cima de la modernidad; podía leer tres libros en mis largos viajes sin tener que cargarlos, una verdadera maravilla. En la de 2011, vi a María Claudia curucuteando un aparato que ella llamó iPad, pero la verdad, no le paré muchas bolas hasta que recientemente, en un aeropuerto del Canadá, vi a una señora muy anciana que sacaba de su maleta su iPad y se divertía jugando con el aparatejo, mientras yo me desesperaba después de 10 horas esperando por un vuelo que seguía aplazado. No lo podía creer, ahora sí tenía que conseguirme de inmediato mi iPad, porque definitivamente no era sólo para mis nietos y mis hijos ejecutivos, sino una verdadera necesidad inaplazable.

Esto que me ha sucedido a mí, es la historia de millones de individuos de todas las edades, en los sitios más recónditos del mundo. Por ello, Steve Jobs sigue en primera plana a raíz de su muerte, aunque se sabía que llegaría muy rápido porque su enfermedad era muy grave. No había trascurrido sino algunos minutos después del anuncio de su deceso, cuando prácticamente todos los canales de Canadá, por ejemplo, cambiaron su programación y se dedicaron a recoger expresiones de condolencia de muchísimas personas y a mostrar cómo los principales almacenes de Apple, en Canadá y Estados Unidos, empezaban a llenarse de flores, velas y manifestaciones de dolor, que sólo se dan normalmente cuando muere un gran político o una estrella de cine.

Muchos de los entrevistados, CEOs de grandes compañías, más que hablar de su muerte festejaban su fructífera vida, sus grandes aportes al modo de vivir de la sociedad moderna. Tres días después de su fallecimiento, toda la prensa mundial recoge su increíble y aleccionadora historia. Dado en adopción por sus padres, no fue el estudiante más disciplinado o constante ni tampoco visto como simpático, pero está recibiendo los honores reservados sólo para grandes figuras mundiales. Introvertido a morir, nunca quiso hablar públicamente de su enfermedad y trabajó hasta el último momento. Lo que logró como nadie, fue entender al consumidor y facilitarle la vida, adelantándose a sus necesidades. Pero además todo con un gran sentido de la estética que hizo la tecnología fácil y agradable de entender.

El lunes 24 de octubre estará en las librerías su biografía, que terminó durante sus últimos días. Sin la menor duda, será el libro del año. La frase que más se repite en los medios mundiales es que Steve Jobs hizo en tecnología, en internet, lo que Ford hizo con el carro.

Es el primer CEO que en su muerte recibe tanta manifestación espontánea de los que fueron sus clientes y admiradores. ¿Por qué? porque como pocos, se manifestaba en blanco o negro, nada gris; porque las expresiones de que se fue un "genio" reflejan una gran verdad, y porque nos cambió la vida a todos. Definitivamente no fue un CEO cualquiera. R.I.P Steve Jobs.

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