Se nos fue el Joe

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

Para quienes vibramos con la música caribeña y nos gusta el baile, nada igual a una fiesta con el Joe y su música. Ese placer lo tuvimos muchos en Cartagena hace poco, en un encuentro del gremio minero en esa ciudad, donde costeños y cachacos nos juntamos para disfrutarlo hasta altas horas de la noche. Para los dormilones, sólo Joe podía hacer ese milagro. Unos de los que más se divirtieron fueron Patricia Janiot y su marido. Sin embargo, en ese evento, ya se le veía disminuido por tantos quebrantos de salud y por una vida que no fue nada fácil. El Joe fue uno de esos casos, pocos en este país tan estratificado, que logró pasar de ser un muchachito muy pobre a una figura nacional e internacional.

¿Qué tan fiel es la telenovela? difícil saberlo para los que no somos expertos en el tema ni hemos seguido muy de cerca los altibajos de su vida. Pero por lo menos algo de lo que se muestra debe ser verdad. Enemigos crueles que le hicieron daño, es parte de los capítulos dolorosos de todo el que viene de abajo y sobresale. ¿Es de la naturaleza humana? Ojalá no, pero muchos casos se han visto y se ven cuando los valores que hace una sociedad tolerante y solidaria, se pierden. ¿Que las mujeres lo descontrolaban? Sin duda, pero que sus congéneres tiren la primera piedra. Lástima que no perteneció a otra cultura y probablemente a nuevas generaciones, donde las mujeres esperamos que se nos valoren más como seres humanos que como objetos sexuales. ¿Que se equivocó y tuvo una vida desordenada? Lástima porque seguramente habría podido vivir más y sobre todo, mejor.

Sin embargo, y a pesar de todos sus tropiezos, deja un legado inmenso en la música caribeña que ya ha trascendido las fronteras de esta parte del mundo donde también lo disfrutan. ¿Han visto las orquestas japonesas no sólo cantando sino bailando salsa? Y la verdad es que la vida de un ser humano se justifica en la medida en que deja algo para la posteridad, y la herencia musical del Joe es muchísimo más que eso. Puede descansar en paz y disfrutar en la otra vida de todos los homenajes que ahora vienen. Por lo menos en vida supo que se le valoraba dentro y fuera de Colombia, placer que muchas figuras no han tenido.

Sus hijos tienen el orgullo de un padre que logró marcar la historia de la música colombiana y lo han podido comprobar con el seguimiento afectuoso que se le hizo a esta dolorosa y última etapa de su vida. Y lo que más puede desear un ser humano que es no caer en el olvido después de su muerte, el Joe lo tiene asegurado, su música seguirá para el placer de muchos y esto debe llenar de satisfacción a su familia. Ojalá no se desgasten en peleas inútiles. Es la imagen de un gran músico lo que está en juego. No lo vayan a hacer penar ahora después de muerto. Contribuyan a que su vida le dé lecciones a los nuevos músicos que luchan por sobresalir, especialmente a aquellos que en esta sociedad se enfrentan a barreras raciales, sociales y económicas.

Paz en la tumba del Joe Arroyo que debe haber muerto con la tranquilidad que muchos no logran: haber sobresalido a pesar de todo y haberle demostrado a muchos que el talento finalmente se impone.

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