Una generación perdida

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

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Los escándalos que cada día aparecen sobre el manejo de lo público en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se han centrado fundamentalmente en el tema de la corrupción, en el manejo poco claro del poder y en sus abusos.

Antes de que estallaran los casos del DAS, de la salud, de la Dian, ya se hablaba del debilitamiento de los partidos políticos que parecía ser una de las consecuencias del modelo caudillista que se había implantado en el país en los últimos años. Pero hay muchas otras consecuencias que empiezan a vislumbrarse.

Una de ellas es la posibilidad de una generación perdida, gente joven educada, con títulos, que hoy, gracias al estilo de gobierno y a las debilidades de una juventud inexperta e inmadura puede haber perdido la gran oportunidad de contribuir al buen manejo del país. Para empezar está el caso de Agro Ingreso Seguro.

Sin duda, la mayoría del equipo que acompañaba a Arias como viceministro y ministro, eran profesionales serios, hijos de tecnócratas reconocidos por la sociedad colombiana. En este momento están presos y muchos con su vida pública acabada.

¿Qué les pasó a estos jóvenes que no vieron lo que se venía? Con todo el poder que acumuló el ministro Arias, que tiene el apoyo del ex presidente Uribe a quien los cacaos de este país le deben tanto, hoy espera para saber si el juez le da detención preventiva o no.

El juicio seguirá su curso y así la defensa trate con malabares, como decir que Arias y su equipo fueron víctimas de AIS, la verdad es que los subalternos de Arias están detenidos y él está en capilla.

Lo que sí está definido es que el ex ministro Arias quedó fuera del juego político por muchos años: 16. Un profesional de alto nivel, con doctorado en economía, inteligente y con poder de convicción se quemó en la carrera que más deseaba realizar, la de la Presidencia de la República.

Otras promesas que ocuparon posiciones importantes en el gobierno anterior no están en la cárcel, pero difícilmente volverán a lo público porque se han visto enredados, injusta o justamente, en uno de los tantos escándalos del gobierno Uribe.

Pero no sólo son jóvenes los que se deslumbraron con el inmenso y desbordado poder de esa administración y los que se comieron el cuento de que Uribe era realmente un mesías, infalible e intocable, y que tenía suficiente poder para protegerlos de todo mal. También profesionales maduros, serios, cayeron en la trampa.

Así, por lo menos una parte de una generación de esa tecnocracia colombiana que tanto nos enorgullece cuando la alaban en el exterior, se deslumbró con Uribe y Uribito, y no entendió los límites del poder y los gravísimos peligros del caudillismo.

El dolor de esta realidad no es sólo de los padres y familiares de ellos sino de todo el país. Pero lo importante es que se aprenda la lección. Nadie, por todo el poder que tenga, puede pasarse las normas, las leyes por la faja porque tarde o temprano llegará la justicia. Es un cambio muy importante el que está viviendo la sociedad colombiana: la pérdida de la inmunidad de los poderosos.

A esa Colombia clasista, racista y rentista que siempre había conseguido lo que quería a punta de influencias, de buenos contactos, se le está acabando esa ventaja. La señora Fiscal, la señora Contralora e inclusive el controvertido señor Procurador, están demostrando lo contrario. Ojalá no flaqueen ni ellos ni otros actores de la justicia.

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